Dicen que soñar no cuesta nada, y en la política soñar sale baratísimo… con que alguien te haga un meme ya te sientes presidenciable. A Mario García, director de Desarrollo Humano y Educación, ya le andaban diciendo “hasta soñás que volás”, porque en unas redes sociales lo metieron en una “encuesta” como posible aspirante a la alcaldía, codeándose —en la imaginación colectiva— con pesos completos como César Jáuregui, Santiago de la Peña, Manque Granados y Alan Falomir.
El detalle es que, cuando bajamos del Olimpo político al terreno de los likes, la realidad aterrizó sin paracaídas: último lugar y apenas unos 200 “me gusta”. O sea, ni su tía la que comparte piolines se aplicó con la campaña digital. Pero eso sí, muy digno el hombre: declaró que está concentrado en su chamba municipal… aunque no le desagrada la idea de ser candidato. Traducción simultánea: “no me pelan, pero si me hablan, sí voy”.
Y como buen aspirante que se respeta, ya encontró a los villanos de la película: los que traen todo un equipo de promoción y “cash”. Porque claro, en política nadie se promueve solo por talento, trabajo o resultados: todo es culpa del presupuesto del otro. Él, en cambio, presume que apenas trae a su gente y lo estrictamente necesario para su dependencia. Qué bonito suena eso… lástima que en la política los votos no se ganan con modestia sino con estructura, colmillo y, sí, con billete.
Después de 22 años de servicio público y militancia en el Partido Acción Nacional, el sueño es que le caiga un huesito más jugoso. No importa que la posibilidad esté más lejos que el Mundial para la selección mexicana: las ganas nadie se las quita. Aquí el problema no es que sueñe —eso es gratis—, sino que confunda una encuesta de redes sociales con un termómetro político. Porque una cosa es que te mencionen en Facebook y otra muy distinta que te quieran en la calle.
Moraleja: en la política local, hay quienes vuelan alto… y hay quienes nomás planean bajito con el impulso de 200 likes. Y aún así, se sienten águilas.
________________________________
“Ay, ternuritas”, decía en su tiempo Andrés Manuel López Obrador cuando se burlaba de los fifís. Pues ahora las ternuritas cambiaron de bando: son esos militantes de Movimiento Regeneración Nacional que se autodenominan Los de Abajo. Los que sí creen en “el movimiento”, los que traen la izquierda tatuada (aunque sea con pluma Bic), los que sueñan con un socialismo utópico que solo existe en murales universitarios y camisetas deslavadas.
Lo verdaderamente enternecedor no es su fe ideológica —cada quien reza al santo que quiere—, sino su optimismo político: creen que algún día les va a tocar hueso. Que un buen amanecer la dirigencia los va a voltear a ver y les va a decir: “tú, el de la cartulina mal escrita, vente de regidor”, o mínimo de suplente del diputado plurinominal. Spoiler: en la tómbola real del poder, los boletos los compran otros.
Esta semana se dejaron caer frente al Congreso del Estado de Chihuahua para defender al despedido y atrincherado Marx Arriaga, convertido ya en mártir de temporada. Al personaje que dio tanto de qué hablar ahora lo traen como estandarte revolucionario, casi casi con veladoras y todo. La escena parecía más peregrinación que protesta: faltó el rosario y el canto de “no estás solo” para completar la liturgia.
Pero mientras los de abajo marchan con fe de catecismo político, desde la Nacional se ve clarito que el rumbo de Morena va por otro carril. Nada que ver con la postal romántica del “pueblo organizado” tomando el poder. Aquí la realidad huele más a pragmatismo, acuerdos en lo oscurito y, rumbo al 2027, a plaga de chapulines que ya andan calentando para brincar de partido como si fuera trampolín. La militancia de base, mientras tanto, bien gracias: que reparta volantes, que cargue sillas y que grite consignas… para eso sí son indispensables.
Pero bueno, ahí síganle. La esperanza nunca muere… o es lo último que muere, quién sabe. En la política mexicana, lo que sí muere rápido es la inocencia. Y estos muchachos todavía la traen nuevecita, con etiqueta y todo.
Otra de los mismos…..
LA CABRA siempre tira al monte dicen el conocido refrán popular y puede ser aplicado perfectamente a muchos de los integrantes de Morena; incluso, podemos pensar que, para ser integrante de ese partido –aparte de un negro historial que será lavado con el chaleco guinda- debe ser revoltoso hasta con los correligionarios.
Y eso lo demostraron los activistas autodenominados “Los de abajo”, cuya agrupación no pasa de una decena de integrantes con protestas que hasta los de casa se ven señalados. Cruz Pérez Cuéllar, alcalde de Ciudad Juárez, ya fue blanco de sus acusaciones en alguna ocasión.
Ayer le tocó su turno a Mario Delgado Carrillo, titular de la SEP, a quien acusan de haber despedido a Marx Arriaga de esa dependencia federal porque ya le estorbaba y por prestarse a intereses neoliberales y de grupos empresariales, a su decir.
En la manifestación, también se quejaron del nunca bien ponderado “Paco” Sánchez, diputado por Movimiento Ciudadano y cuyo cuñado fue liberado apenas se hizo de un lugar en Poder Judicial de Chihuahua a través de su esposa, por haber calificado el material de Marx Arriaga como los “fentalibros”.
Qué pronto –o qué conveniente- olvidaron “Los de abajo” cuando su máxima figura, el expresidente López Obrador lanzaba calificativos a diestra y siniestra, siempre y cuando no se concordara con su movimiento, iniciando con el famoso “¡Cállate, chachalaca!” y de ahí “pa´l real”, como dijeran los abuelos.
O sea, ¿si es AMLO y su movimiento sí pueden decir calificativos, pero si es contra ellos entonces no?
