El desfile del Día de Muertos en la Ciudad de México, hoy una de las celebraciones más esperadas por locales y turistas, tiene un origen curioso y cinematográfico. Contrario a lo que muchos piensan, esta tradición no existía hasta que el agente James Bond la puso en escena en la película Spectre (2015), donde se recreó un espectacular desfile con catrinas, calaveras y música mexicana en pleno Centro Histórico.
El impacto de esa secuencia fue tal que el gobierno capitalino decidió convertir la ficción en realidad, organizando el primer desfile oficial de Día de Muertos en 2016. Desde entonces, la celebración se ha convertido en una tradición consolidada, atrayendo a miles de visitantes nacionales e internacionales que disfrutan del colorido homenaje a la vida y la muerte, inspirado originalmente en el cine.
Año tras año, la capital mexicana se transforma en un escenario lleno de arte, cultura y simbolismo, con carros alegóricos, danzas tradicionales y representaciones de ofrendas monumentales. El evento se ha convertido en una herramienta turística de gran alcance, al mismo tiempo que fortalece el orgullo nacional y la identidad cultural del país.
El desfile, sin embargo, también ha despertado debate entre puristas y críticos culturales que señalan que la celebración nació de una idea extranjera, y que se ha comercializado excesivamente. Pese a las críticas, la participación ciudadana y el entusiasmo general demuestran que la tradición ha sido adoptada con cariño y se ha integrado al imaginario colectivo de los mexicanos.
Hoy, el desfile de Día de Muertos simboliza la capacidad del país de transformar una ficción cinematográfica en un fenómeno cultural real. Lo que comenzó como una escena de acción de James Bond se convirtió en una de las festividades más representativas de México, demostrando que incluso la fantasía puede revivir la identidad de un pueblo.
