El exgobernador de Chihuahua, Javier Corral, vuelve a colocarse en el centro de la polémica tras una publicación en redes sociales donde lanza fuertes críticas contra Cruz Pérez Cuéllar, a quien acusa de ser un “morenista disfrazado”, al tiempo que respalda a Andrea Chávez.
Sin embargo, más allá del señalamiento, lo que ha generado mayor reacción es la evidente incongruencia política del propio Corral, quien durante años militó en el Partido Acción Nacional (PAN) —incluso como una de sus figuras más visibles— y hoy se presenta como un férreo defensor del movimiento de la llamada Cuarta Transformación.
Un discurso que choca con su propio pasado
Las críticas de Corral hacia otros actores por supuestas “lealtades” o “disfraces políticos” contrastan con su propia trayectoria. No hace mucho tiempo, el exmandatario era uno de los principales referentes del panismo a nivel nacional, desde donde construyó su carrera política, incluyendo su llegada a la gubernatura de Chihuahua.
Hoy, su narrativa lo coloca como un aliado del proyecto encabezado por Claudia Sheinbaum, adoptando un discurso que cuestiona la autenticidad de otros perfiles dentro de Morena, como si su propio cambio de afiliación no formara parte del mismo fenómeno que critica.
Crítica sin réplica
Otro elemento que ha llamado la atención es que el propio Corral limitó los comentarios en su publicación, lo que reduce la posibilidad de respuesta o debate por parte de ciudadanos y actores políticos.
Esta decisión ha sido interpretada por algunos sectores como una contradicción adicional: mientras se emiten señalamientos públicos de alto calibre, se restringe la conversación abierta, una práctica que contrasta con el discurso de transparencia y pluralidad que suele enarbolarse.
Polarización interna
El mensaje también evidencia la creciente división dentro del propio movimiento de Morena en Chihuahua, donde distintas figuras compiten por legitimidad política y respaldo rumbo a futuros procesos electorales.
En este contexto, la intervención de Corral no pasa desapercibida, pero tampoco está exenta de cuestionamientos. Su voz, lejos de consolidar una postura, reabre el debate sobre la congruencia, la memoria política y la facilidad con la que algunos actores transitan entre proyectos ideológicos.
Más que un señalamiento, un reflejo
La publicación no solo apunta hacia sus adversarios, sino que termina reflejando una práctica cada vez más común en la política mexicana: el cambio de camiseta acompañado de discursos de “pureza” que difícilmente resisten el paso del tiempo.
En ese escenario, las palabras de Javier Corral parecen decir más de su propia evolución política que de aquellos a quienes intenta señalar.