En México, las niñas, niños y adolescentes no sólo están creciendo, están resistiendo. En un país con aproximadamente 36 millones de infancias, una parte importante vive en contextos marcados por la violencia y un acceso limitado a oportunidades y servicios básicos como la salud, lo que les obliga a adaptarse demasiado pronto a un entorno que suele no tomarles en cuenta.
Las campañas de recaudación permiten ver esa realidad sin filtros. Ahí, entre metas económicas e historias de supervivencia, aparece el mismo patrón: necesidades que no están siendo cubiertas. Al acumularse, terminan mostrando un sistema que deja expuestos a quienes más necesitan protección.
El Día del Niño funciona como un recordatorio de lo pendiente, de la urgencia de garantizar condiciones mínimas para que tengan un futuro con bienestar, seguridad y oportunidades tangibles. Mientras tanto, son las propias familias, comunidades y organizaciones civiles quienes buscan abrir espacio a una infancia más digna. Crecer en este tipo de contextos tiene consecuencias concretas. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), aumenta el riesgo de desarrollar trastornos de salud mental, como ansiedad, déficit de atención, depresión, uso de sustancias y conducta suicida, que producen grandes costos a las familias.
Se estima que en el país, alrededor del 12% de los menores y jóvenes de entre 10 y 19 años, enfrenta uno o más de estos problemas, de acuerdo con el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF, 2019).
Chihuahua: el diálogo contra el ruido de las balas
En Chihuahua, caminar por calles donde el silencio es ley y la violencia es el paisaje cotidiano ha dejado a miles de niños en un estado de alerta permanente. Para tratar de mejorar su situación, la asociación civil FELIPA, A.C. construye espacios seguros dentro de las escuelas.