De acuerdo con el Módulo sobre Ciberacoso (MOCIBA) del INEGI, el 20.9 % de la población usuaria de internet —equivalente a 18.4 millones de personas— ha vivido alguna situación de ciberacoso. De este grupo, cerca del 56 % son mujeres, principalmente jóvenes entre 20 y 29 años.
Además, datos recientes muestran que el 31.1 % de las mujeres jóvenes han sido víctimas, y más de 10 millones de mujeres en México han enfrentado algún tipo de violencia digital, lo que confirma la dimensión del problema.
Tecnología, seguridad y nuevas responsabilidades
El avance tecnológico ha transformado la forma en que nos comunicamos, nos informamos y nos relacionamos; sin embargo, también ha abierto nuevas formas de riesgo.
Hoy, la seguridad no solo implica proteger el espacio físico, sino también el entorno digital, lo que exige nuevas formas de prevención y una mayor responsabilidad en el uso de la tecnología.
En este contexto, ha cobrado relevancia la protección de niñas, niños y adolescentes frente a los riesgos digitales. La presidenta de México ha señalado la importancia de atender fenómenos como el grooming, donde personas adultas establecen contacto con menores a través de plataformas digitales con fines de manipulación o abuso.
A esto se suma una preocupación creciente: el uso de tecnologías, particularmente la inteligencia artificial, para generar o manipular contenido, conocidos como deepfakes, donde se coloca el rostro de una persona en otro cuerpo o en situaciones falsas.
Este tipo de prácticas, además de vulnerar la dignidad, puede tener impactos graves en la vida personal, social y emocional de las víctimas.

El nuevo riesgo: páginas que aparentan informar
Además del acoso tradicional, hoy preocupa una modalidad más compleja: páginas que aparentan ser espacios informativos o de denuncia, pero que difunden contenido falso o manipulado.
En este sentido, la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana advirtió, en su comunicado del 03 de mayo de 2026, sobre la existencia de sitios que utilizan información sesgada o fuera de contexto para desprestigiar a personas, afectar reputaciones e influir en la opinión pública.
La rapidez con la que se comparte el contenido y la falta de verificación han amplificado este fenómeno, convirtiéndolo en un riesgo no solo individual, sino también para la confianza en los entornos digitales.
La violencia digital se manifiesta en prácticas concretas como:
- Difusión de contenido íntimo sin consentimiento
- Sextorsión
- Ciberacoso
- Suplantación de identidad
- Exposición de datos personales
- Control digital en relaciones
- Grooming
Estas conductas pueden generar incluso riesgos físicos, lo que las convierte en un tema de seguridad pública, por lo que a nivel Nacional ha sido reconocido legalmente a través de reformas como la Ley Olimpia, que sanciona la difusión de contenido íntimo sin consentimiento y otras formas de violencia digital.
A nivel internacional, organismos como la Organización de las Naciones Unidas han señalado la violencia digital, especialmente contra las mujeres, como una problemática prioritaria.
Prevención: qué hacer y a dónde acudir
El comunicado reciente de la SSPC no solo alerta sobre el problema, sino que establece recomendaciones claras para reducir riesgos:
- Evitar compartir contenido no verificado
- Proteger la información personal
- Configurar la privacidad en redes sociales
- No interactuar con perfiles dudosos
- Documentar agresiones digitales
- Reportar contenido violento
Además, la ciudadanía puede consultar la Ciberguía de la SSPC y acceder a las policías cibernéticas de cada entidad, disponible en el siguiente enlace: CIBERGUÍA VIOLENCIA DIGITAL
Hoy, la seguridad también implica entender cómo usamos la tecnología, es decir las acciones institucionales son fundamentales, pero la prevención comienza con el uso responsable de la información, la protección de datos y el respeto en los espacios digitales.
Uno de los principales retos de la sociedad es comprender que en un entorno donde todo puede difundirse en segundos, el uso consciente de la tecnología también es una forma de construir seguridad.