La influencia del crimen organizado en el norte del país sigue generando efectos en estados como Chihuahua, en medio de la actividad del Cártel de Sinaloa.
Este 05 de mayo de 2026 se reveló que Joaquín «El Chapo» Guzmán logró mantener comunicación con su red criminal desde prisión en Estados Unidos.
Los mensajes habrían sido enviados a sus hijos, conocidos como “Los Chapitos”, quienes mantienen una disputa interna por el control del cártel.
Estas comunicaciones incluyen coordinación de actividades ilícitas como narcotráfico y lavado de dinero, lo que demuestra la persistencia de estas estructuras.
Aunque los hechos ocurren fuera de México, su impacto se extiende a estados como Chihuahua, donde operan células vinculadas a estos grupos.
La lucha entre facciones del crimen organizado ha generado violencia en diversas regiones del país.
Autoridades mexicanas mantienen operativos constantes para evitar la expansión de estos conflictos.
Sin embargo, especialistas señalan que mientras existan redes de comunicación activas, el control total del crimen será difícil.
El caso también expone fallas en los sistemas penitenciarios internacionales para aislar a líderes criminales.
En Chihuahua, el efecto indirecto se traduce en ajustes de cuentas, rutas de tráfico y disputas territoriales.
El panorama sigue siendo complejo, con un crimen organizado que demuestra capacidad de adaptación.