El panorama político de Chihuahua ardió con una decisión controvertida cuando el controvertido líder Bonilla rechazó de plano presentarse a una sesión de la comisión encargada del relleno sanitario, dejando en el aire temas vitales que afectan a miles de habitantes. Su ausencia calculada ha desatado un torbellino de críticas que cuestionan su compromiso con la gestión de residuos en un momento de crisis ecológica.
Fuentes cercanas al ayuntamiento revelan que la reunión, programada en las instalaciones del controvertido basurero municipal, buscaba abordar el colapso inminente de capacidad y las denuncias de contaminantes filtrándose al suelo. Marco Bonilla, envuelto en su agenda apretada, argumentó priorizar “asuntos de mayor urgencia”, pero opositores lo tildan de evasión deliberada ante el escándalo que podría explotar.
El vacío dejado por el funcionario ha paralizado avances en planes de reciclaje y expansión sostenible, con ambientalistas que claman por sanciones y transparencia inmediata. La comisión, ahora a la deriva, pospone decisiones que podrían mitigar olores nauseabundos y riesgos sanitarios que asedian barrios aledaños.
Este boicot no es un hecho aislado en la trayectoria de Bonilla, quien acumula episodios de distanciamiento de foros incómodos, alimentando rumores de tensiones internas en el cabildo. La prensa local no escatima en adjetivos: ¿irresponsabilidad o estrategia maestra?
Mientras el relleno sigue acumulando montañas de desechos, la ciudadanía exige respuestas: si los líderes evaden el hedor literal de los problemas, ¿quién limpiará el desastre que dejan atrás?
