Claudia Sheinbaum ha encendido los motores de la batalla fiscal contra Ricardo Salinas Pliego, el magnate de TV Azteca que debe miles de millones al erario. En un mensaje directo y sin filtros, la presidenta advirtió que el empresario puede “debatir lo que quiera” en redes o foros, pero no escapará de saldar su deuda con el SAT, ahora respaldada por una Suprema Corte renovada que no perdonará favores a los intocables. El ultimátum llega justo cuando el multimillonario presume en X que “la ley es para todos menos para él”, desatando una tormenta política que podría costarle su imperio mediático.
El conflicto explota por una deuda histórica de Grupo Salinas que supera los 63 mil millones de pesos en impuestos evadidos, según auditorías del SAT que Salinas califica de “persecución política”. Sheinbaum, en su conferencia matutina, dejó claro que la nueva integración de la Corte, con ministros alineados al proyecto de la 4T, no permitirá más dilaciones ni amparos eternos. “Que debata, que grite, que tuitee: al final, la ley se aplica igual para el más rico que para el más pobre”, sentenció la mandataria, recordando que el dinero adeudado podría financiar hospitales, escuelas y programas sociales para millones de mexicanos abandonados por los caprichos de los grandes evasores.
Salinas Pliego respondió al instante en redes sociales, acusando a Sheinbaum de usar al SAT como “arma política” y jurando que peleará “hasta el último centavo” en tribunales internacionales si es necesario. Pero fuentes del gobierno federal filtran que la estrategia ya está en marcha: la nueva Corte, con mayoría progresista, revisará los amparos pendientes y podría fallar en contra del empresario en cuestión de semanas, obligándolo a liquidar de inmediato o enfrentar embargos masivos a sus empresas, desde Elektra hasta Totalplay. Analistas advierten que este caso será la prueba de fuego para demostrar que en México ya no hay “ciudadanos de primera” que burlen al fisco con impunidad.
El pleito no es solo de números: es una guerra de narrativas. Mientras Salinas se victimiza como “empresario perseguido por el comunismo”, Sheinbaum lo retrata como el símbolo de la élite que saqueó al país durante décadas. En el Congreso, morenistas ya preparan reformas para endurecer sanciones a grandes deudores, incluyendo la posibilidad de inhabilitar a evasores para operar concesiones públicas, lo que pondría en jaque a TV Azteca. El SAT, por su parte, ha congelado cuentas y propiedades ligadas a Grupo Salinas, enviando un mensaje claro: el tiempo de los intocables se acabó.
En las calles y redes, el debate divide al país: unos ven en Sheinbaum a una líder que por fin enfrenta a los poderosos; otros, un gobierno autoritario que asfixia al sector privado. Pero el reloj fiscal no para. Si Salinas no paga, la Corte podría ordenar la venta forzada de activos para cubrir la deuda, un escenario catastrófico para el magnate que juró “nunca doblegarse”. Sheinbaum cerró con una frase lapidaria: “El debate es libre, pero la responsabilidad fiscal es obligatoria. Punto”. Y con la nueva Corte de su lado, el punto final podría escribirse con la quiebra de un imperio.
