En algunos restaurantes parece que el servicio dejó de ser una atención al cliente para convertirse en una exigencia económica. Un caso que comienza a generar inconformidad entre los comensales ocurre en IHOP, donde varios clientes aseguran que algunos meseros ya no sugieren la propina, sino que prácticamente la cobran de manera obligatoria. Al momento de pagar, les hacen saber de frente que «les falta la propina» o incluso les indican cuánto dinero deben agregar para completar el porcentaje esperado. Vale la pena recordar que, como diría el expresidente Vicente Fox, «haiga sido como haiga sido», la propina no se impone: se gana con un buen servicio y, además, la ley es clara al establecer que es completamente opcional, nunca obligatoria. Lo más curioso es que ni siquiera en restaurantes de mayor categoría, como La Casona, o en otros establecimientos de alto nivel de la ciudad, donde el servicio suele justificar un «propinón», se presenta este tipo de presiones al cliente.
Pero la situación no termina ahí. También existen quejas relacionadas con la emisión de facturas, un proceso que, según algunos consumidores, presenta complicaciones y retrasos que merecen una revisión, ya que al ser un lugar según fresón, se tengan que pedir las facturas por correo electrónico. Por ello, no estaría de más que la Profeco hiciera una visita discreta, se sentara a comer como cualquier cliente y verificara de primera mano cómo se está atendiendo al público y cómo se manejan estos cobros. Porque una cosa es ofrecer buenos hot cakes y otra muy distinta es hacer sentir incómodo al cliente al momento de pagar la cuenta. Algo parece no estar funcionando como debería en ese establecimiento y las autoridades de protección al consumidor tendrían que echarle un vistazo.
Las licencias ya comenzaron a mover el tablero político en Chihuahua. En Morena, las piezas empezaron a acomodarse con los movimientos de Cruz Pérez Cuéllar y Andrea Chávez, quienes ya dejaron claro que el calentamiento rumbo al 2027 está en marcha. Porque sí, aunque algunos insistan en decir que todavía falta mucho, la realidad es que la carrera ya arrancó y varios ya están estirando antes de escuchar el disparo de salida.
Y precisamente por eso la pregunta que empieza a incomodar en ciertos círculos es muy sencilla: ¿y cuándo Marco Bonilla?
El alcalde capitalino ha sido disciplinado en su discurso. Que hay que esperar los tiempos. Que primero el partido. Que todavía queda un año para la elección. Que no hay prisa. Todo muy institucional, muy ordenado, muy PAN.
Pero mientras los tiempos se esperan públicamente, en privado hay quienes cuentan los días en el calendario. Todo apunta a que octubre o noviembre podrían ser meses interesantes. Ya veremos si las hojas del otoño también traen licencia bajo el brazo.
Mientras tanto, en Ciudad Juárez ya se vivió un adelanto de lo que ocurre cuando el titular se mueve. Cruz pidió licencia y quien tomó el timón fue Héctor Ortiz Orpinel. Hay que reconocerlo: pocas veces se había visto a alguien tan contento de llegar a una silla aunque fuera temporalmente. El ex panista parecía niño estrenando bicicleta el Día de Reyes. Y cómo no. La oportunidad da reflector, entrevistas, encabezados y hasta la posibilidad de que algunos ciudadanos descubran que existía.
Pero el contraste más divertido está en Chihuahua capital.
Porque si existe una persona que está rezando para que Marco Bonilla se tarde lo más posible en pedir licencia, ese es su suplente, René Chavira.
Y no porque no quiera gobernar.
Bueno… quizá tampoco le urge.
La diferencia es que mientras otros ven una alcaldía interina como una plataforma para construir futuro político, Chavira parece verla como quien recibe una llamada del banco un viernes por la tarde: sabe que eventualmente llegará, pero mientras más tarde mejor.
Porque una cosa es acompañar eventos, aparecer de vez en cuando en fotografías, hacer algunas negociaciones discretas y saludar desde segunda fila. Otra muy distinta es ponerse bajo los reflectores permanentes, enfrentarse a los medios todos los días, responder críticas en redes sociales y convertirse en blanco oficial de los adversarios políticos.
La política tiene algo curioso: muchos quieren el poder, pero no todos quieren la exposición que viene incluida en el paquete.
Y ahí está el caso de René. Mientras algunos cuentan las horas para asumir cargos, él parece estar bastante cómodo observando el partido desde la banca. Casi podría imaginarse el mensaje interno: “Marco, tú tranquilo, tómate tu tiempo. Recorre el estado. Espera los tiempos del partido. Consulta a la militancia. Reflexiona. No hay ninguna prisa”.
Porque si algo tiene claro el suplente es que la tranquilidad también es una forma de felicidad.
Al final, los morenistas ya movieron piezas y los panistas observan el tablero. La pregunta sigue flotando en el aire: ¿cuándo Bonilla?
Y si la respuesta tarda algunos meses más, hay al menos una persona que seguramente no presentará ninguna queja.