En el Congreso del Estado se abrió un momento de confusión que, más que técnico, terminó siendo casi procedimental. La diputada María Antonieta Pérez Reyes solicitó cambiar el sentido de su voto respecto a un crédito estatal aprobado seis meses atrás: de positivo a negativo. El detalle no fue menor en el ambiente legislativo, porque la petición irrumpió justo cuando se discutía el curso de la reforma electoral, generando un paréntesis inesperado en la sesión y, sobre todo, dudas sobre qué debía resolverse primero: la moción de cambio de voto o la propia reforma en discusión.
La consecuencia inmediata fue el retraso de la votación y un escenario de incertidumbre entre los legisladores, que por momentos no tenían claro el orden de los acuerdos. En medio del intercambio, la diputada Pérez Reyes sostuvo que el hecho constituía un acto de dolo en su contra, aunque el propio contexto deja ver otro ángulo: aun con el cambio solicitado, el sentido final de la aprobación de la deuda no se modificaría. Se trató, en todo caso, de un episodio que expuso más el enredo procedimental que un cambio real en el fondo de la decisión legislativa.
Cuando los medios de comunicación pedían mayor apertura por parte del director de Obras Públicas del Municipio de Chihuahua, Carlos Rivas, seguramente imaginaban ruedas de prensa más nutridas, más información y más temas sobre la mesa. Lo que nadie esperaba era que la estrategia de comunicación terminara convertida en una especie de reporte cardiaco semanal de tres obras específicas. Que si la gaza ya va en 29 por ciento, que ahora alcanzó el puente de la Fuerza Aérea un 80, que la siguiente pasó del 28 al 29. A este ritmo, pronto habrá boletines para informar cuando una varilla cambie de posición.
Y es que cada encuentro con la prensa parece más una transmisión deportiva de obra pública que una conferencia informativa. «Ya colamos una trabe», «ya colocamos unas varillas», «ya avanzamos unos metros». Falta que aparezca una narración estilo fútbol: «ahí viene el concreto, avanza por la banda derecha, se perfila la revolvedora… ¡y cae el colado!». Lo preocupante es que mientras las cifras suben un puntito cada semana, las preguntas sobre otros proyectos simplemente desaparecen del mapa.
Porque uno supondría que Obras Públicas tiene algo más que presumir además de las tres construcciones estelares. Ahí están las obras del Presupuesto Participativo, la famosa Comandancia Oriente, los trabajos de recarpeteo, los programas de bacheo y una larga lista de pendientes que difícilmente caben en el porcentaje de una gaza. Pero pareciera que fuera de esos proyectos existe un misterioso vacío administrativo donde nadie sabe qué sucede ni cuándo sucede.
Al final, más que una apertura informativa, da la impresión de que a Carlos Rivas le aplicaron una curiosa condena burocrática: comparecer semanalmente para contar cómo envejece el concreto. Y mientras los reporteros esperan novedades, terminan aprendiendo de memoria cada avance decimal de las obras consentidas. Pero bueno, así son las cosas. Hay quienes informan sobre una ciudad entera y hay quienes, semana tras semana, informan sobre el apasionante mundo de las varillas.