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En un movimiento que apesta a desesperación por encima de estrategia, la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) ha inyectado 74 millones de pesos en una campaña publicitaria relámpago a través del Grupo Mundo Maya, ese conglomerado militarizado que administra el Tren Maya, el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles (AIFA) y una red de hoteles fantasma que acumulan camas vacías como tumbas en el sureste mexicano. Ante la hemorragia de pasajeros y huéspedes que amenaza con hundir estos elefantes blancos de la 4T –inaugurados con fanfarrias presidenciales pero olvidados por el turista real–, el Grupo Aeroportuario y Ferroviario, de Servicios Auxiliares y Conexos Olmeca-Maya-Mexica (GAFSACOMM), bajo el mando castrense, adjudicó contratos exprés en los últimos dos meses de 2025 para bombear spots en radio, TV y redes sociales, junto con una orgía de contenidos audiovisuales que prometen “alto impacto” pero suenan a grito en el vacío. De esa fortuna, 53 millones se destinan a difusión masiva, mientras 21 millones financian la producción de 94 piezas para campañas como “Cultura que nos une” y “Aeropuertos, vuela y conecta”, ejecutadas por la Agencia CDA Comunicación Integral por casi 6 millones, y otros 15 millones a Amax Contenido para 2,932 materiales que incluyen manuales de identidad, videos 360 de hoteles como Nuevo Uxmal o Chichén Itzá, y fotos aéreas de parques temáticos que nadie visita. “Fortalecer la promoción y posicionamiento de las distintas unidades de negocio”, claman los objetivos, pero el hedor a fracaso es inconfundible: desde la apertura del Tren Maya en diciembre de 2024, la ocupación hotelera ha colapsado, obligando a diagnósticos y capacitaciones de urgencia para el personal que atiende a sombras de clientes.
Este derroche no es filantropía: es el salvavidas de un imperio turístico que Sedena heredó como Frankenstein de promesas incumplidas, con el Grupo Mundo Maya –renombrado en mayo de 2025 para sonar menos a cuartel y más a paraíso maya– operando siete hoteles desiertos, cuatro parques como el Jaguar o La Ceiba, la aerolínea Mexicana en agonía y el AIFA como elefante blanco en el desierto. Tonatiuh Velasco, director de GAFSACOMM, lo vendió en mayo como “una marca fuerte, clara y representativa” para conectar la riqueza del sureste, pero la realidad muerde: cuentas de redes con apenas 13 mil seguidores en Facebook y 600 en Instagram lanzan descuentos del 25% en El Buen Fin (del 13 al 17 de noviembre, válidos hasta marzo de 2026), mientras el Tren Maya rueda con vagones semivacíos y el AIFA sueña con vuelos que no aterrizan. Críticos opositores, desde el PAN hasta analistas independientes, lo tildan de “maquillaje con dinero público” para tapar la ineptitud de un megaproyecto que devoró miles de millones en selva y concreto, dejando deudas ecológicas y económicas que el erario paga con sudor ajeno. Mientras Sheinbaum presume en mañaneras de un México conectado, esta inyección de 74 millones –adjudicada sin licitación abierta y a empresas afines– huele a circo publicitario que no llena habitaciones ni asientos, sino bolsillos de agencias que bailan al son del verde militar. En las ruinas mayas donde el Tren debería ser himno de progreso, late el eco de un fracaso que no se arregla con likes ni banners: Sedena gasta fortunas en espejismos digitales mientras el sureste clama por turistas reales, no por ilusiones pagadas con impuestos que podrían salvar escuelas o clínicas. ¿Rescate o ridículo? El contador corre, y el vacío de los hoteles responde con silencio ensordecedor.
