Un hombre de 60 años ingresó al hospital con fuertes dolores de cabeza y cambios de comportamiento que hicieron sospechar a los médicos de un cáncer cerebral avanzado. Sin embargo, tras varios estudios, el verdadero diagnóstico resultó mucho más inusual: su cerebro estaba infectado por larvas vivas de una tenia.
Una infección parasitaria fue confundida con un cáncer cerebral
El caso, publicado en la revista científica Emerging Infectious Diseases de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), describe a un paciente de 60 años residente de Castellón, España, que acudió al hospital tras sufrir durante dos semanas dolores de cabeza progresivos y leves alteraciones del comportamiento.
Las primeras tomografías computarizadas mostraron múltiples lesiones en el cerebro con un aspecto muy similar al de metástasis, es decir, tumores originados por un cáncer localizado en otra parte del cuerpo. Ante estos hallazgos, los médicos sospecharon que el paciente padecía un cáncer avanzado con afectación cerebral.
Para localizar el supuesto tumor primario, los especialistas realizaron estudios de cuerpo completo, una colonoscopia y diversas pruebas de imagen. Sin embargo, ninguno de los exámenes encontró evidencia de cáncer.
Fue entonces cuando una resonancia magnética de mayor resolución reveló la verdadera causa. Varias de las lesiones observadas correspondían a quistes llenos de líquido y, dentro de algunos de ellos, era posible identificar la cabeza de una tenia. Posteriormente, un análisis de sangre confirmó el diagnóstico de neurocisticercosis, una enfermedad causada por las larvas del parásito Taenia solium, conocida comúnmente como la tenia del cerdo.
Los médicos iniciaron de inmediato un tratamiento con los antiparasitarios albendazol y praziquantel, acompañado de corticosteroides para controlar la inflamación cerebral. El paciente evolucionó favorablemente y logró recuperarse sin presentar complicaciones.
¿Cómo llegó el parásito al cerebro y qué tan frecuente es esta enfermedad?

La neurocisticercosis es una de las principales causas de epilepsia adquirida en muchas regiones de América Latina, Asia y África, aunque resulta poco frecuente en Europa occidental y otros países desarrollados.
A diferencia de lo que muchas personas creen, la enfermedad no suele producirse por comer carne de cerdo mal cocida. Esa vía generalmente provoca que la tenia adulta permanezca en el intestino. La neurocisticercosis aparece cuando una persona ingiere accidentalmente los huevos microscópicos del parásito, normalmente a través de alimentos, agua o superficies contaminadas con materia fecal. Una vez dentro del organismo, las larvas pueden desplazarse por el torrente sanguíneo y formar quistes en el cerebro, los músculos u otros órganos.
Los investigadores creen que el paciente pudo haberse infectado años antes mientras trabajaba en la construcción junto a compañeros procedentes de regiones donde la enfermedad es endémica, aunque no fue posible demostrar el origen exacto del contagio.
Los autores destacan que el caso es especialmente relevante porque el hombre nunca había viajado a zonas de alto riesgo. Esto demuestra que la ausencia de antecedentes de viaje no debe descartar la neurocisticercosis cuando un paciente presenta lesiones cerebrales compatibles con tumores.
Aunque se trata de una enfermedad poco frecuente en Europa, los especialistas advierten que un diagnóstico temprano puede evitar procedimientos oncológicos innecesarios y permitir iniciar rápidamente el tratamiento antiparasitario adecuado.
Este inusual caso demuestra que algunas infecciones parasitarias pueden imitar enfermedades mucho más comunes, como el cáncer cerebral. Para los médicos, considerar diagnósticos poco frecuentes puede marcar la diferencia entre un tratamiento innecesario y una recuperación completa, especialmente cuando las pruebas iniciales no encajan con el cuadro clínico esperado.
Referencia:
- CDC/Autochthonous Neurocysticercosis Brain Lesions Mimicking Metastatic Disease, Spain. Link