Un velo de sospechas envuelve el resplandor del triunfo de Fátima Bosch como Miss Universo 2025, cuando una investigación reveló que Pemex otorgó un jugoso contrato por 745.6 millones de pesos a una empresa ligada a Raúl Rocha Cantú, actual presidente de la organización Miss Universo, justo en 2023, año en que el padre de la ganadora, Bernardo Bosch Hernández, fungía como directivo en la petrolera estatal, un enredo de intereses que transforma la celebración en un torbellino de acusaciones de favoritismo y conflictos éticos que salpican desde los pasillos de la Subdirección de Abastecimiento hasta los escenarios glamorosos de Bangkok.
El acuerdo, firmado el 7 de febrero de 2023 bajo el número 640853806 y verificable en el portal oficial valide.pemex.com, involucró a un consorcio liderado por Servicios PJP4 de México y Soluciones Gasíferas del Sur, propiedad de Rocha Cantú, para obras críticas como infraestructura de ductos terrestres, pruebas de hermeticidad y medidas de seguridad industrial, con un plazo de ejecución de 328 días que culminó en diciembre de ese año. Aunque el área de Bosch Hernández en Pemex Exploración y Producción no participó directamente en la licitación —que siguió el proceso regular de adjudicación—, la coincidencia temporal ha encendido las alarmas, especialmente porque Rocha adquirió el 50% de la franquicia Miss Universo meses después, posicionándose como copropietario y figura clave en el certamen que coronó a la tabasqueña tras un incidente de sororidad contra un directivo asiático.
La polémica estalló con mayor fuerza tras la felicitación oficial de Pemex en redes sociales —”La familia petrolera felicita a Fátima Bosch Fernández por su logro como Miss Universo 2025, un reflejo de esfuerzo, profesionalismo y pasión”—, un mensaje que desató críticas en plataformas digitales y medios como Infobae y Latinus, donde el periodista Carlos Loret de Mola lo tildó de “morenización” del triunfo, aludiendo a lazos familiares de Bosch con figuras como su tía Mónica Fernández Balboa, exsenadora de Morena y actual directora del Instituto para Devolver al Pueblo lo Robado (INDEP). Este lazo no solo cuestiona la imparcialidad del concurso, sino que revive sombras del pasado de Bernardo Bosch, inhabilitado en 2010 por presunto enriquecimiento ilícito durante su trayectoria de casi tres décadas en la petrolera, un antecedente que añade leña a las dudas sobre la transparencia en las contrataciones públicas.
El exjurado Omar Harfouch, quien renunció al certamen acusando un “arreglo” en la final, avivó el fuego al afirmar en Instagram que anticipó la victoria de Bosch 24 horas antes, basándose en supuestos pactos entre Rocha y el padre de la miss, un reclamo que el presidente de Miss Universo desmintió mostrando mensajes de WhatsApp que lo exculpaban de influencias externas. Sin embargo, en un México donde los contratos millonarios de Pemex han sido epicentro de escándalos pasados, esta intersección entre el glamour internacional y el poder energético no pasa desapercibida, recordando cómo el éxito de una joven de Tabasco —quien en entrevistas ha elogiado a la presidenta Claudia Sheinbaum como ejemplo femenino— se ve empañado por un tapiz de conexiones que huele a favoritismo institucional.
Mientras la nueva reina universal regresa envuelta en aplausos y controversias, el caso obliga a una reflexión profunda sobre los umbrales éticos en las licitaciones de la petrolera más grande de Latinoamérica, donde un contrato por ductos podría ser solo la punta del iceberg de un entramado que une pasarelas con presupuestos públicos. En este drama donde la belleza choca con el petróleo, la verdadera pregunta retumba: ¿fue mera coincidencia o el precio de una corona prefabricada en los despachos de la Gerencia de Contrataciones para Servicios a la Explotación y Perforación?