El rugido de las Amazonas retumbó como un trueno en el Estadio Universitario, donde Tigres Femenil selló con un golazo de Diana Ordóñez al minuto 19 su dominio absoluto en la final de vuelta del Apertura 2025, imponiéndose 1-0 al América Femenil y asegurando el título global por 4-3 en un duelo de infarto que borró dos años de sequía y elevó a siete las estrellas en su escudo, consolidando a las regiomontanas como el equipo más laureado de la Liga MX Femenil desde su creación en 2016, un legado de excelencia que deja a rivales como las águilas coapeñas con solo dos trofeos y un sabor amargo de revanchas pendientes.
Bajo la dirección magistral de Pedro Martínez Losa, quien logra su primer cetro en México tras llegar en el Clausura 2025, las Tigres exhibieron una solidez defensiva impenetrable liderada por Cecilia Santiago en el arco, neutralizando las embestidas de Sarah Luebbert y Scarlett Camberos en un segundo tiempo donde el América apretó pero chocó contra un muro amarillo que protegió la ventaja mínima. Para la española Jennifer Hermoso, esta fue la vencida tras dos finales perdidas —una con Pachuca en 2023 y otra con Tigres ante Rayadas en 2024—, un triunfo que transforma lágrimas de frustración en un baño de champagne colectivo, mientras las jugadoras, impulsadas por una afición que pintó de oro el Volcán, celebran no solo el trofeo, sino la tercera final ganada ante las azulcremas, un historial que duele en Coapa como una espina clavada en el orgullo capitalino.
Pero la euforia no se contuvo en el campo: al término del pitazo final, la plantilla de Tigres, aún eufórica con el trofeo en alto, se lanzó a un festejo improvisado que cruzó líneas prohibidas, dirigiéndose cantando y bailando hacia el autobús del América que se retiraba cabizbajo del recinto, lanzando bromas y gestos provocadores que desataron un vendaval de reacciones en redes sociales. “¡Se te borró la sonrisa, águilas!”, corearon algunas amazonas en un momento capturado por cámaras que ya viraliza como el pico de la polémica, un desahogo que divide opiniones: para los felinos, un guiño juguetón a la rivalidad ancestral; para los americanistas, una falta de respeto que aviva el fuego de la próxima temporada, donde prometen “tomar revancha” en un ciclo que inicia en enero y que podría ver a Tigres defendiendo su corona con la misma fiereza que las ha hecho invencibles.
Este cetro no solo reafirma el reinado de Tigres —con victorias históricas como el 0-3 en el Azteca de 2023 o el 4-0 de 2021 ante el mismo rival—, sino que subraya el crecimiento exponencial del fútbol femenil mexicano, donde las Amazonas han disputado once finales y ganado siete, dejando atrás a Monterrey (cuatro), América y Guadalajara (dos cada uno) y Pachuca (uno). Mientras el entrenador del América, Ángel Villacampa, digiere su quinta final perdida —predicha irónicamente por su contraparte—, el festejo controvertido se erige como el broche de oro a una campaña de redención, recordándonos que en la Liga MX Femenil, las coronas no solo se levantan con goles, sino que se defienden con uñas, dientes y un toque de picardía que hace del balompié una pasión eterna y sin filtros.
