En un domingo que prometía ser un simple encuentro entre fans y su ídolo digital, la plaza del Monumento a la Revolución en la Ciudad de México se convirtió en un campo de batalla improvisado, donde cientos de seguidores del streamer Adriano Zendejas, mejor conocido como “Maestro Shifu“, desataron un torbellino de violencia que dejó cinco personas atropelladas, tres detenidos —incluyendo a un menor de edad— y un rastro de destrucción que indignó a vecinos y autoridades por igual. Lo que inició como una convocatoria en redes para regalar 50 gorras deportivas de su línea personal, sumado a la llegada inesperada del reguetonero “El Bogueto”, escaló a un descontrol vial en avenidas como Insurgentes y Puente de Alvarado, donde la multitud, compuesta mayoritariamente por jóvenes en motocicletas, bloqueó el tránsito, suspendió el servicio del Metrobús en la estación Revolución y transformó un espacio histórico en un caos que recordó las peores manifestaciones urbanas de la capital.
Adriano Zendejas, un actor y creador de contenido de 29 años originario de la Ciudad de México, ha forjado su fama desde la infancia participando en telenovelas como “Marina“, “Juro que te amo“, “La fuerza del destino” y episodios de “La rosa de Guadalupe” y “Como dice el dicho“, pero su verdadero imperio lo construyó en plataformas digitales como TikTok —donde acumula más de 1.3 millones de seguidores— y Twitch, con streams llenos de humor irreverente, desafíos virales y un estilo que lo apoda “Maestro Shifu” en alusión al sabio personaje de la película Kung Fu Panda. Con una carrera que mezcla el entretenimiento televisivo y el mundo del streaming, Zendejas se ha posicionado como un influencer capaz de movilizar masas, pero este evento expuso las grietas de su influencia: no anticipó la avalancha de asistentes que, en su afán por las gorras, derivaron en riñas entre fans, insultos y un vandalismo feroz que incluyó el lanzamiento de objetos contra vehículos y la destrucción de al menos seis puestos de comerciantes ambulantes, muchos de ellos atendidos por personas de la tercera edad que perdieron mercancía valiosa en la refriega.
El detonante del horror llegó cuando un automovilista, atrapado en el embotellamiento infernal, intentó huir de la turba que vandalizaba su vehículo negro, embistiendo a cinco personas en un acto desesperado que generó connatos de linchamiento y obligó a la Secretaría de Seguridad Ciudadana (SSC) de la CDMX a intervenir con patrullas y elementos de la Subsecretaría de Control de Tránsito. Los responsables del atropello —dos jóvenes y un menor— fueron arrestados de inmediato, mientras que la policía remitió 98 motocicletas al corralón por infracciones graves como falta de casco, exceso de pasajeros, maniobras peligrosas y circulación en banquetas, un operativo que también incluyó la revisión de videos para esclarecer si hubo agravantes en la agresión a los comerciantes de la avenida México-Tenochtitlán, quienes denunciaron pérdidas económicas y golpes físicos en el fragor del desorden.
En medio del pandemonio, Zendejas y El Bogueto fueron vistos sobre una camioneta con megáfono, repartiendo las codiciadas gorras, pero el streamer huyó del sitio al ser alertado por las autoridades de su responsabilidad legal, publicando después en sus historias de Instagram una disculpa donde admitió no haber previsto la magnitud de la respuesta y lamentó el “caos” sin asumir culpas directas. Vecinos de la colonia Tabacalera en la alcaldía Cuauhtémoc reportaron en redes sociales el terror de ver su barrio convertido en zona de guerra, con quejas por el cierre vial que duró horas y el eco de sirenas que interrumpió la paz dominical, mientras que ni la Jefatura de Gobierno ni la alcaldía emitieron comentarios oficiales sobre las quejas, dejando un vacío que aviva el debate sobre la regulación de eventos impulsados por influencers en espacios públicos icónicos.
Este episodio no solo mancha el legado del “Maestro Shifu” —quien ha usado su plataforma para promover marcas y colaboraciones, pero ahora enfrenta escrutinio por su capacidad de convocatoria descontrolada—, sino que expone la vulnerabilidad de la CDMX ante masas digitales que saltan de la pantalla a la calle sin filtros ni planes de contingencia. Mientras los lesionados reciben atención médica y los detenidos esperan su proceso judicial, el incidente retumba como un recordatorio escalofriante de cómo un regalo inocente puede desatar una tormenta que devora la convivencia cívica, obligando a replantear si los streamers como Zendejas son meros entretenidores o catalizadores inadvertidos de desorden social en una capital que ya lidia con suficientes sombras cotidianas.
