En un gesto que sacude las expectativas políticas y deportivas, la presidenta Claudia Sheinbaum ha ratificado su decisión de ausentarse por completo de la ceremonia inaugural del Mundial de Fútbol 2026, programada para el 11 de junio en el icónico Estadio Azteca de Ciudad de México, donde México abrirá el torneo contra un rival aún por definir, priorizando un acto de equidad social que transforma la fiesta global en un símbolo de inclusión para los más vulnerables.
La confirmación llegó este martes durante la conferencia matutina en Palacio Nacional, donde Sheinbaum reiteró la postura que ya había adelantado el 14 de noviembre en Los Pinos y el 29 de agosto ante Gianni Infantino, presidente de la FIFA: no ocupará el asiento de honor en el Estadio Azteca, también conocido como Estadio Banorte en algunos contextos, y en su lugar sorteará el boleto número 001 entre niñas indígenas o de escasos recursos apasionadas por el fútbol, una iniciativa que podría extenderse a un acompañante si los costos lo permiten, ya que los boletos VIP superan los 10 mil dólares.
Este Mundial 2026, el primero con 48 selecciones y coorganizado por México, Estados Unidos y Canadá, convertirá al Estadio Azteca en el único recinto de la historia en albergar tres partidos inaugurales —tras los de 1970 y 1986—, pero Sheinbaum opta por no exponerse al protocolo de alto perfil, recordando el abucheo histórico que recibió Miguel de la Madrid en la edición pasada, y en cambio, seguirá la transmisión desde el Zócalo de Ciudad de México, enfatizando que el evento debe ser una herramienta para democratizar el acceso al deporte en un país donde millones sueñan con el balón sin poder pisar un estadio.
La incertidumbre rodea también la posible asistencia de los otros líderes: Claudia Sheinbaum admitió que aún no se define si Donald Trump, presidente de Estados Unidos, o Mark Carney, primer ministro de Canadá, se unirán en el palco, un detalle que se resolverá en los próximos meses, mientras México se prepara para disputar 13 partidos en tres sedes clave —Ciudad de México con el Azteca, Guadalajara en el Estadio Akron y Monterrey en el Estadio BBVA—, consolidando su rol como anfitrión principal de esta cita planetaria que promete inyectar miles de millones a la economía nacional.
El gesto de Sheinbaum no solo evita riesgos políticos en un evento masivo, sino que amplifica el mensaje de la 4T sobre transformación social: regalar el boleto inaugural no es solo un desprendimiento personal, sino una declaración de que el fútbol debe unir a la nación desde las gradas humildes hasta los reflectores internacionales, un contraste brutal con el lujo de los boletos premium y una jugada maestra que podría sortearse mediante una dinámica pública aún por anunciar, dejando en el aire si la ganadora irá sola o con un familiar para compartir la emoción histórica.
