Un escándalo quirúrgico que roza lo grotesco irrumpió en las salas estériles de la Clínica del Niño y la Madre en Mar del Plata, cuando un modesto empleado de limpieza de 27 años, tentado por el amor y la codicia, irrumpió en el depósito del quirófano el 6 de septiembre de 2024 para hurtar cuatro prótesis mamarias valoradas en mil dólares cada una —un botín de 4 mil dólares que soñaba implantar en el pecho de su novia de 24 años, transformando un deseo íntimo en una pesadilla judicial que expone las grietas de la confianza en los pasillos hospitalarios.
El telón de la farsa se levantó cuando la joven, ilusionada con su aumento de busto, se presentó en otra clínica local con dos de las prótesis envueltas en misterio; el cirujano, un veterano de 72 años con ojo de halcón, olió la irregularidad al examinar las fotos de los empaques: la marca y el número de lote coincidían al milímetro con las denunciadas como robadas, un detalle forense que desató la mecha de una investigación implacable por la Oficina de Determinación de Autores (ODA) de la Fiscalía General de Mar del Plata, donde cámaras de seguridad capturaron al sospechoso merodeando como un fantasma en el depósito.
La pesquisa, un torbellino de allanamientos y confesiones, culminó en un allanamiento relámpago en el domicilio de la pareja en la calle Soler al 7000, donde la policía irrumpió como un bisturí preciso: las cuatro prótesis mamarias intactas emergieron del escondrijo junto a dos teléfonos celulares que prometen desentrañar mensajes de complicidad, mientras el empleado, acorralado por las pruebas irrefutables, admitió el crimen con la voz quebrada, devolviendo el tesoro robado en un acto de rendición que no borra la mancha de su traición laboral.
Secuestrados los implantes —rastreados por su número de serie que delata su origen importado—, la pareja quedó imputada por hurto sin órdenes de detención inmediata, pero bajo la sombra de un proceso que podría escalar a penas que mutilen su futuro, un giro cruel donde el amor se cobra en billetes y vergüenza pública, recordando que en Mar del Plata, la belleza tiene un precio que no se paga solo con dinero.
Este robo no es un capricho aislado en la costa argentina: surge en un contexto de vulnerabilidades hospitalarias donde el personal de bajo perfil accede a tesoros médicos, pero aquí el móvil romántico añade un toque de tragicomedia, dejando a la Fiscalía escudriñando si hubo más manos sucias o si el desespero económico impulsó este acto de filantropía pervertida.
