La escalada diplomática y militar entre Rusia y Estados Unidos alcanzó un nuevo pico en el Atlántico Norte, donde Moscú envió buques de guerra y un submarino para proteger el petrolero Marinera (ex Bella 1), un buque de la “flota fantasma” sancionado por Washington. El barco, que históricamente transportó crudo venezolano e iraní violando sanciones, fue perseguido por la Guardia Costera estadounidense tras evadir un bloqueo cerca de Venezuela en diciembre de 2025. Actualmente vacío y navegando entre Islandia y Escocia rumbo a Rusia, el Marinera cambió bandera y nombre para evadir captura, pero EE.UU. finalmente lo incautó en una operación con helicópteros y comandos, pese a la presencia rusa cercana.
Este incidente se enmarca en la ofensiva de la administración Trump contra el comercio ilícito de petróleo venezolano —tras la captura de Nicolás Maduro el 3 de enero de 2026—, que incluye bloqueos navales y decomisos de tanqueros. Rusia condenó la acción como “agresión” y defendió la “libertad de navegación”, mientras Washington justifica las medidas por nexos con narcotráfico y financiamiento de actividades ilícitas. Otro petrolero vinculado, el M/T Sophia, también fue interceptado en el Caribe.
La confrontación resalta las tensiones globales: Rusia protege su “flota sombra” para eludir sanciones por Ucrania, mientras EE.UU. intensifica su presión sobre aliados como Venezuela e Irán. Aunque no hubo enfrentamiento directo, el episodio eleva riesgos de escalada en alta mar, en un contexto de relaciones ya deterioradas entre las superpotencias. Un capítulo más en la guerra híbrida por el control energético mundial.
