En las profundidades húmedas y oscuras de cuevas brasileñas, un hongo microscópico llamado Gibellula attenboroughii —nombrado en honor al legendario naturalista Sir David Attenborough— lleva a cabo una estrategia de supervivencia tan siniestra como fascinante: convierte a arañas de cuevas en “zombis” para asegurar su propia reproducción.
Este patógeno, descubierto en 2023 y descrito en la revista Fungal Systematics and Evolution, infecta exclusivamente a arañas del género Ochyrocera que habitan en cuevas de la región de Minas Gerais. Una vez que las esporas entran en contacto con la araña, el hongo invade su cuerpo, manipulando su comportamiento de manera precisa. La araña infectada abandona su telaraña habitual y se dirige a un punto elevado y expuesto —ideal para la dispersión de esporas—, donde adopta una postura de “muerte” característica: patas extendidas y cuerpo inmóvil.
Allí, el hongo crece externamente, cubriendo el cadáver con un micelio blanco y liberando millones de esporas al aire, listas para infectar nuevas víctimas. El proceso completo —desde la infección hasta la “zombificación”— dura apenas días, convirtiendo a la araña en un vehículo perfecto para la propagación del hongo.
Gibellula attenboroughii pertenece a un grupo de hongos entomopatógenos que han evolucionado esta manipulación conductual extrema, similar a los famosos Ophiocordyceps que controlan hormigas en selvas tropicales. Su descubrimiento resalta la increíble diversidad de interacciones parásitas en ecosistemas subterráneos, poco explorados, y refuerza la idea de que la naturaleza guarda estrategias de supervivencia que parecen sacadas de una película de terror.
Un recordatorio escalofriante de que, incluso en la oscuridad de una cueva, la evolución puede crear “zombis” reales para perpetuar la vida… del hongo. 🕷️🍄
