La detección de un rayo cósmico con energía récord ha sorprendido a la comunidad científica y plantea interrogantes sobre el origen de estas partículas. Este fenómeno, registrado por la Telescope Array Collaboration en Utah, supera ampliamente las capacidades de los aceleradores humanos y desafía las leyes físicas que explican su viaje por el universo.
Un rayo cósmico que desafía los límites de la física
Los rayos cósmicos son partículas cargadas que viajan por el espacio. A bajas energías, provienen del Sol, mientras que los más energéticos se asocian con galaxias activas y fenómenos extremos como chorros relativistas o estallidos de rayos gamma.
El evento detectado por el Telescope Array Collaboration el 27 de mayo de 2021 alcanzó una energía de 240 exaelectronvoltios (EeV), equivalente a ~40 julios. Para dimensionarlo: es más de un millón de veces la energía lograda por el Gran Colisionador de Hadrones (LHC). En términos de colisión atmosférica, corresponde a unos 700 TeV en el centro de masa, un nivel imposible de reproducir en la Tierra.
La rareza del fenómeno es notable: a energías superiores a 100 EeV, el flujo de rayos cósmicos es menor a una partícula por siglo por kilómetro cuadrado. Por ello, se requieren detectores de superficie que cubran áreas de cientos de kilómetros cuadrados, como los 507 detectores del arreglo en Utah.
Lo más desconcertante es que la dirección de llegada apunta hacia un vacío cósmico, sin galaxia fuente obvia. A esas energías, las partículas deberían desviarse muy poco por los campos magnéticos del espacio, lo que permitiría rastrear su origen. Sin embargo, este evento contradice esa expectativa.
La magnitud del hallazgo sugiere que estamos ante un fenómeno excepcional, que podría ser indicio de procesos astrofísicos aún desconocidos o de una nueva física que se manifiesta en condiciones extremas.
El papel de los campos magnéticos

Una de las hipótesis más discutidas es que los campos magnéticos intergalácticos podrían ser mucho más intensos o complejos de lo que se pensaba. Estos campos actúan como una red invisible que desvía las trayectorias de las partículas cargadas.
Si su fuerza es mayor, incluso los rayos cósmicos más energéticos podrían perder su rumbo original. Esto explicaría por qué el rastro del evento no apunta a ninguna fuente evidente. En lugar de viajar en línea recta desde una galaxia activa, la partícula habría sido desviada repetidamente, borrando las pistas de su origen.
El artículo publicado en la revista Science también recuerda que existe el corte de Greisen-Zatsepin-Kuzmin (GZK), un límite teórico que debería suprimir el flujo de rayos cósmicos por encima de ~60 EeV debido a interacciones con el fondo cósmico de microondas (CMB). Sin embargo, este evento de 240 EeV desafía esa expectativa, lo que refuerza la idea de que los campos magnéticos podrían estar jugando un papel más fuerte del previsto.
El hallazgo se convierte así en una herramienta para ajustar modelos teóricos y comprender mejor la estructura magnética del universo. Si los campos son más intensos de lo esperado, se modificaría nuestra visión sobre cómo las partículas viajan a través del espacio interestelar.
¿Nueva física de partículas en juego?

Otra posibilidad fascinante es que este evento revele fenómenos desconocidos en la física de partículas. A energías tan altas, las leyes que conocemos podrían no aplicarse de la misma manera.
Esto abre la especulación sobre la existencia de nuevas interacciones o partículas aún no descubiertas. Los rayos cósmicos extremos podrían ser mensajeros de procesos que ocurren en condiciones imposibles de reproducir en la Tierra.
El análisis del evento descartó que la partícula fuera un fotón, favoreciendo la hipótesis de que se trataba de un protón. Sin embargo, no se pudo distinguir entre protones y núcleos más pesados debido a limitaciones técnicas en el momento de la detección.
Si se confirma que no hay fuentes astrofísicas claras, la explicación podría residir en una extensión del modelo estándar de la física. Este tipo de hallazgos recuerda que la ciencia avanza gracias a lo inesperado. Cada anomalía es una oportunidad para ampliar nuestro conocimiento y cuestionar lo que damos por sentado.
La posibilidad de que exista una nueva física convierte este hallazgo en un punto de inflexión. No solo desafía nuestras teorías actuales, sino que también abre un horizonte de descubrimientos que podrían redefinir la comprensión del cosmos.
El descubrimiento de un rayo cósmico con energía sin precedentes desafía nuestras teorías sobre el origen y comportamiento de estas partículas. Ya sea por campos magnéticos más intensos, por una fuente desconocida o por nueva física, este hallazgo marca un hito en la exploración del universo y sus límites energéticos.
Referencia:
- Science/An extremely energetic cosmic ray observed by a surface detector array. Link
