En un remoto fiordo de Groenlandia ocurrió un fenómeno sin precedentes que sorprendió a la comunidad científica mundial. Un deslizamiento de tierra causado por el cambio climático provocó un megatsunami en Groenlandia cuya energía quedó atrapada durante varios días, generando una señal sísmica global inédita. El suceso reveló nuevas y preocupantes conexiones entre el calentamiento global y la estabilidad geológica del planeta.
Deslizamiento de tierra en Groenlandia: el origen del megatsunami histórico
El origen del fenómeno se sitúa en el colapso de una montaña de 1,2 kilómetros de altura sobre el fiordo Dickson, en el este de Groenlandia. El derrumbe liberó alrededor de 25 millones de metros cúbicos de roca y hielo que impactaron violentamente contra el agua, generando una ola inicial de hasta 110 metros de altura. Aunque esta pared de agua perdió fuerza en cuestión de minutos, el contexto geográfico del fiordo desempeñó un papel decisivo en la magnitud del evento.
La forma estrecha, profunda y sinuosa del fiordo actuó como un contenedor natural que impidió la disipación rápida de la energía. En lugar de desaparecer, el agua comenzó a oscilar de un extremo a otro, manteniendo un movimiento rítmico prolongado. Este vaivén persistente provocó olas de varios metros incluso a decenas de kilómetros del punto de impacto, causando daños en una base científica y la destrucción de importantes sitios culturales y arqueológicos.
Más allá de su potencia, el episodio destacó por producirse en una región donde nunca antes se habían registrado deslizamientos y tsunamis de esta naturaleza. El caso puso en evidencia que áreas consideradas estables pueden transformarse repentinamente en escenarios de alto riesgo cuando cambian las condiciones ambientales.
La señal sísmica global que desconcertó a la ciencia durante nueve días
Mientras el agua oscilaba dentro del fiordo, sismómetros de todo el mundo comenzaron a registrar una señal completamente inusual. Desde el Ártico hasta la Antártida, los instrumentos detectaron una vibración constante, uniforme y prolongada, muy distinta a las generadas por terremotos tradicionales. Esta señal carecía de múltiples frecuencias y se asemejaba más a un zumbido monótono que a un evento sísmico convencional.
En un primer momento, los investigadores clasificaron el fenómeno como un objeto sísmico no identificado, ya que no existían precedentes comparables. La resolución del enigma requirió un esfuerzo internacional sin precedentes, combinando datos sísmicos, mediciones de infrasonido, observaciones de campo, imágenes satelitales y complejos modelos matemáticos.
Los resultados demostraron que el movimiento rítmico del agua dentro del fiordo coincidía exactamente con el patrón sísmico registrado. Por primera vez, la ciencia confirmó que el vaivén prolongado de grandes masas de agua puede generar vibraciones capaces de propagarse por la corteza terrestre a escala global, ampliando significativamente el conocimiento sobre las fuentes de señales sísmicas no tectónicas.

Cambio climático y colapso glaciar: el detonante silencioso del desastre
El análisis del deslizamiento reveló que su causa última fue el debilitamiento del glaciar situado al pie de la montaña. El aumento sostenido de las temperaturas provocó el adelgazamiento del hielo, que dejó de sostener la pared rocosa superior hasta que esta colapsó. Este proceso, directamente vinculado al cambio climático, transformó un entorno aparentemente estable en el detonante de un evento extremo.
El caso de Groenlandia oriental demuestra que el calentamiento global no solo impacta en los ecosistemas o en el nivel del mar, sino también en la estabilidad geológica de regiones remotas. La presencia de rutas turísticas de cruceros en fiordos cercanos subraya el riesgo potencial para la seguridad humana si fenómenos similares se repiten en el futuro.
Ante este escenario, los investigadores advierten sobre la necesidad de intensificar la vigilancia de zonas hasta ahora consideradas seguras. El desarrollo de sistemas de monitoreo y alerta temprana será clave para anticipar deslizamientos y tsunamis inducidos por el cambio climático, en un planeta cada vez más expuesto a eventos extremos interconectados.
El megatsunami de Groenlandia no solo dejó una huella física en el paisaje, sino también una señal clara para la ciencia y la sociedad. Este episodio demuestra que el cambio climático puede desencadenar efectos en cascada capaces de hacer vibrar todo el planeta, obligándonos a replantear qué regiones son realmente estables y cuán urgente es anticiparse a los riesgos del futuro.
Referencia:
- A rockslide-generated tsunami in a Greenland fjord rang Earth for 9 days. Link.
