Imagina pasear por un bosque australiano y toparte con pequeños cubos perfectos en el suelo, alineados como si alguien los hubiera colocado con regla y escuadra. No es arte humano ni broma: es la firma inconfundible del wombat, el único animal del planeta que produce heces cúbicas. Estos marsupiales convierten su excremento en bloques del tamaño de un dado, con bordes rectos y ángulos precisos, una hazaña biológica que desafía la lógica.
La clave está en su intestino: una tubería larga y elástica donde algunas secciones se contraen y otras se expanden, moldeando la materia fecal seca y fibrosa hasta formar cubos compactos. No hay «ano cuadrado» (como se bromeaba antes), sino un proceso de compactación intestinal que actúa como una prensa natural. El resultado: excrementos que no ruedan, ideales para marcar territorio en terrenos inclinados, rocosos o madrigueras subterráneas, donde un cilindro o bola se perdería cuesta abajo.
Esta adaptación evolutiva no solo sirve para comunicación —delimitan entradas, señalan presencia y evitan disputas—, sino que ha fascinado a científicos. Durante años se estudió cómo lograban tales formas, y hoy se explora su aplicación en ingeniería y fabricación industrial (compactación de materiales sin desperdicio). El wombat, con su andar tranquilo y aire bonachón, demuestra que la naturaleza puede ser tan ingeniosa como inesperada: en un mundo de formas redondas, eligió el cubo para sobrevivir.
Una rareza que convierte un simple excremento en herramienta, mensaje territorial y maravilla biológica. ¡El wombat no solo vive bajo tierra… también piensa en cuadrados! 🐻🌿
