A semanas del operativo en el que cayó Nemesio Oseguera, “El Mencho”, no era mucho lo que se sabía de la unidad de élite del Ejército Mexicano que ejecutó la operación. Pero tras la exitosa misión, se han puesto los ojos en este cuerpo de Fuerzas Especiales, integrado por unos 2 mil efectivos.
Y es que The Associated Press (AP) tuvo acceso a una de las agrupaciones de los “murciélagos”, quienes operan bajo estricta secrecía y tienen intensos entrenamientos a más de 4 mil metros de altitud y con temperaturas bajo cero en el Parque Nacional Iztaccíhuatl Popocatépetl del EdoMex, a unos 100 kilómetros al sureste de CDMX.
El operativo para la detención de “El Mencho” fue una de las victorias más contundentes en el combate a las organizaciones criminales en tiempos recientes. En parte, la caída del narcotraficante fue gracias a los esfuerzos de esta unidad especial. Aquí te compartimos cómo es un día de entrenamiento con estos elementos.
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Así es el entrenamiento de los “murciélagos”
Cuando el sol comenzaba a despuntar entre las escarpadas montañas del Iztaccíhuatl Popocatépetl, en un campamento improvisado entre las montañas, los soldados preparan mochilas que pueden pesar hasta 25 kilos, cargadas con equipo, agua y alimentos para jornadas de entrenamiento en condiciones adversas.
Para evitar que la carga resulte en lesiones para las rodillas y la espalda, uno de los instructores de la unidad (quien habló bajo anonimato por motivos de seguridad), explicó que el entrenamiento físico incluye caminatas progresivas que se inician con 12 kilómetros al día y se van incrementando hasta más de 30 kilómetros diarios.
Además, en todo momento un elemento mantiene en alto un banderín de la agrupación y el cráneo de una cabra. Según explicó el instructor, el asta debe permanecer siempre en alto porque simbolizaba la moral de la unidad, mientras el banderín representa “la mística y el espíritu de cuerpo”.

Una unidad marcada por el secreto
A diferencia de otros cuerpos militares, los integrantes de esta agrupación no muestran insignias, rangos ni apellidos en sus uniformes. Desde que ingresan a “los murciélagos” la secrecía se convierte en su razón de vida y garantía de seguridad para ellos y para sus familiares.
Por ello asumen como identificación un nombre secreto (que ellos mismos eligen) y un número que los acompaña durante todo el tiempo que permanecen en la agrupación. El emblema del grupo incluye alas de murciélago sobre el mapa de México, símbolo que dio origen al apodo de esta agrupación creada en los noventa.
Ritual antes de escalar el Iztaccíhuatl
Antes de comenzar la caminata hacia la cima del volcán inactivo Iztaccíhuatl (tercera montaña más alta de México con una altura de unos 5 mil 200 metros), la agrupación se aglomeró en un lugar conocido como La Joya para rendir tributo a La Mujer Dormida, como se le llama también a la montaña.

“Señora Iztaccíhuatl, gracias por aceptarnos. Gracias por lo bondadosa que ha sido. Espero pronto regreso”, proclamó uno de los sargentos en una suerte de oración que replicaron en un potente coro sus 48 compañeros y cuyo eco se esparció entre las cumbres.
Cuando se retiraban del lugar, uno de los uniformados se acercó hasta el nicho y colocó una piedra en la que estaban escritos los nombres de los 35 oficiales que participarían en la escalada, el dibujo de su escudo, la frase “Todo por México” y el número de la unidad de Fuerzas Especiales.
Un ritual similar realizó otro soldado que puso una pequeña tabla con la frase: “Las boinas verdes aman a Dios porque Dios ama a las boinas verdes”. Tras eso, la unidad continuó su camino, recordando que detrás de cada elemento de seguridad hay una persona con sueños y amor a México.

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