Transportistas de la ANTAC y agricultores del FNRCM desmantelaron 31 bloqueos en 11 estados este jueves, liberando el Arco Norte y puentes de Chihuahua tras 13 horas de tensión en Segob con César Yáñez, un pacto que evita el asedio a CDMX y salva exportaciones por millones, pero nace de 13 mil asaltos anuales y extorsiones que dejan camioneros en fosas comunes, con demandas clave como Fiscalía Especializada en Carreteras y 1,200 millones de pesos en trigo adeudado desde 12 sexenios.
La rebelión inició el lunes con cierres en Córdova de las Américas y México-Puebla, donde saqueos narco devoraron cargas perecederas, paralizando el 80% de mercancía por camión y el 15% de granos de Chihuahua. Líderes como David Estévez y Baltazar Valdés rugieron contra la Ley de Aguas que seca surcos, exigiendo licencias plastificadas y seguridad vial en el Triángulo Dorado, donde el narco cobra “derecho de piso” con balas y quiebras en el 40% de productores.
El impacto fue brutal: filas kilométricas pudrieron frutas, afectando el T-MEC y aduanas fronterizas, mientras la Guardia Nacional desplegó en 36 puntos. Sheinbaum cedió mesas regionales para distribuir agua equitativa, un guiño a la sequía que obliga a elegir entre regadíos locales o deudas con Texas, transformando protestas en ultimátum por justicia rural.
Este desbloqueo frágil trae normalidad, pero el eco de “mejor bloqueo que cadáver” resuena como advertencia: sin reformas contra extorsiones, autopistas volverán a ser trincheras. En seguridad vial México, el pacto es victoria pírrica que salva el agro, pero expone un país donde el plomo dicta rutas más que la ley.
