En el estado de Sinaloa, el reciente secuestro de diez trabajadores de una mina canadiense ha generado alarma nacional e internacional sobre la persistencia de la violencia y los riesgos que enfrentan las zonas mineras en México.
Cinco de esos mineros han sido encontrados sin vida en fosas clandestinas, mientras que los otros cinco aún están desaparecidos, lo que ha intensificado las críticas a la efectividad de las políticas de seguridad estatal y federal.
La mina, ubicada cerca de Pánuco, se había visto como un motor económico regional, pero ahora la percepción de riesgo ha llevado a trabajadores y familias a cuestionar la viabilidad de operar en áreas con presencia de grupos criminales.
Organizaciones civiles han destacado que estos hechos ponen en evidencia la debilidad de las estrategias de combate al crimen organizado, incluso tras la movilización de miles de efectivos de la Guardia Nacional en regiones de alta incidencia.
En respuesta, autoridades estatales aseguran que se han intensificado las labores de búsqueda y coordinación con instancias federales para localizar a los mineros desaparecidos y llevar ante la justicia a los responsables.
La empresa dueña de la concesión minera ha condenado los hechos y asegurado su cooperación con las investigaciones, aunque familiares y comunidades cercanas exigen mayor claridad sobre los avances.
Expertos en seguridad señalan que este incidente refleja un patrón donde las regiones con recursos naturales atractivos para la inversión extranjera son también blanco de extorsión, control territorial y violencia por parte de cárteles.
El gobierno federal enfrenta críticas por parte de líderes políticos y sociales que consideran que la narrativa de mejora de la seguridad no se corresponde con experiencias reales de violencia continua.
Este caso ha reabierto el debate sobre la protección de trabajadores extranjeros en México y la necesidad de revisar modelos de seguridad ante amenazas persistentes del crimen organizado.
Mientras tanto, la búsqueda continúa y organizaciones de derechos humanos urgieron a no bajar la presión para esclarecer los hechos y prevenir futuros incidentes de este tipo.
