El verdadero golpe de Estado en México no llegará con tanques en las calles, sino con reformas constitucionales impulsadas desde el Congreso, donde la oposición —aliada con disidentes de Morena— busca desmantelar pilares de la Cuarta Transformación. Fuentes confiables indican que un bloque multipartidista prepara una ofensiva legislativa para revertir cambios clave en energía, justicia y seguridad social, aprovechando la mayoría calificada que el oficialismo perdió en las elecciones intermedias y la fragmentación interna del partido en el poder. Este “golpe blando” vía reformas constitucionales podría materializarse en los próximos meses, con iniciativas que van desde la restauración de autonomía al INE hasta la devolución de competencias al Poder Judicial.
Lo más preocupante es que esta estrategia cuenta con el respaldo tácito de sectores empresariales y mediáticos que ven en el Congreso la última trinchera para frenar políticas consideradas “populistas”. Mientras el Ejecutivo se enfoca en defender su legado, la oposición avanza con precisión quirúrgica: no se trata de un impeachment directo, sino de modificaciones estructurales que diluyan el poder presidencial y recentralicen decisiones en instancias autónomas. El golpe, disfrazado de “contrapesos democráticos”, viene por la vía legislativa, y si prospera, cambiará el rostro del país sin un solo disparo. La pregunta es si el gobierno logrará reagrupar fuerzas para blindar su proyecto, o si el Congreso se convertirá en el escenario definitivo de la revancha política.
