Cuando se habla del aire que respiramos, la atención suele centrarse en los bosques. Sin embargo, gran parte del oxígeno del océano, fundamental para la vida en la Tierra, se genera lejos de la tierra firme. Los mares, aparentemente tranquilos, mantienen una producción de oxígeno oceánico constante que influye en el clima, la vida marina y la atmósfera global, recordándonos que cada respiración también comienza en el mar.
El plancton marino, motor microscópico de la producción de oxígeno
En las capas superficiales del océano habita el fitoplancton, un conjunto de organismos diminutos capaces de transformar la luz solar en energía química mediante fotosíntesis marina. Estas microalgas, junto con ciertas bacterias fotosintéticas, capturan dióxido de carbono y liberan oxígeno como resultado de su actividad biológica.
Aunque invisibles para el ojo humano, su presencia se extiende por enormes áreas del planeta y constituye la base de la producción de oxígeno en el océano. Gracias a ellos, el océano aporta aproximadamente la mitad del oxígeno global. No se trata de grandes bosques submarinos, sino de incontables células flotando a la deriva que sostienen el equilibrio atmosférico.
Entre estos organismos destaca Prochlorococcus, una bacteria extremadamente pequeña pero sorprendentemente productiva, responsable de forma individual de una fracción notable del oxígeno del planeta. Su impacto demuestra que la importancia del plancton marino no depende de su tamaño, sino de su abundancia y actividad continua.

La cantidad de fitoplancton no es uniforme. Varía según la estación, la temperatura del agua, la luz disponible y los nutrientes. En ciertos períodos se producen floraciones visibles desde satélites que tiñen el mar de verde. En otros momentos, su densidad disminuye. Este ritmo natural convierte al océano en un sistema biológico dinámico cuya actividad diaria influye directamente en la composición del aire que respiramos.
Cómo se equilibra el oxígeno marino dentro del ecosistema oceánico
El oxígeno generado por la fotosíntesis marina no se acumula sin más. Gran parte se utiliza inmediatamente en el mismo entorno donde se produce. Los animales marinos, desde peces hasta organismos microscópicos, dependen del oxígeno disuelto para respirar. A la vez, plantas y bacterias lo emplean en sus procesos metabólicos.
Cuando restos de vida marina se hunden y se descomponen, los microorganismos encargados de ese proceso consumen aún más oxígeno. Este reciclaje continuo evita acumulaciones y mantiene el funcionamiento del ecosistema marino. Por ello, las concentraciones de oxígeno pueden variar según la profundidad, la hora del día y el movimiento de las mareas.
Durante el día, la producción de oxígeno oceánico aumenta gracias a la luz solar. Por la noche, predomina el consumo asociado a la respiración y la descomposición. El resultado es una dinámica cambiante que rara vez permanece igual en un mismo punto del océano.
Este intercambio constante entre generación y uso mantiene el equilibrio del oxígeno oceánico. Si uno de estos procesos dominara de forma prolongada, podrían aparecer zonas pobres en oxígeno que afectarían gravemente a la biodiversidad marina y al ciclo global del oxígeno.

El legado del océano en el oxígeno que respiramos hoy
El oxígeno que respiramos no proviene únicamente de la producción actual del plancton. A lo largo de millones de años, la actividad conjunta de océanos y ecosistemas terrestres fue acumulando oxígeno en la atmósfera hasta crear las reservas actuales.
Esa acumulación histórica funciona como un gran depósito que amortigua las variaciones diarias de la producción de oxígeno en la Tierra. Nuestra respiración depende de ese proceso prolongado en el tiempo, no solo de lo que ocurre bajo la superficie del mar en un momento puntual.
Sin embargo, la salud de los océanos sigue siendo decisiva. Cambios en la temperatura del agua, la contaminación o el exceso de nutrientes pueden alterar las comunidades de plancton y modificar los ritmos naturales de producción y consumo de oxígeno marino. Si estas presiones aumentan, podrían transformar regiones enteras del océano y reducir su capacidad para mantener entornos aptos para los organismos marinos.
Comprender esta relación entre océano y atmósfera permite ver al mar como un archivo vivo del planeta. Cada generación hereda una atmósfera moldeada por incontables organismos microscópicos, y su preservación depende de proteger los procesos de fotosíntesis marina que continúan activos en el océano abierto.
El oxígeno del océano es una pieza clave del equilibrio planetario. Millones de organismos microscópicos sostienen un ciclo que renueva el aire y regula el ecosistema marino. Proteger la biodiversidad y la salud de los océanos no sólo preserva la vida bajo el agua: garantiza la estabilidad del ciclo del oxígeno y, en última instancia, cada respiración humana.
Referencia:
- How much oxygen comes from the ocean? Link.
