En Apatzingán, Michoacán, la historia de Miguel Torres, un tortillero de 52 años, ha pasado de ser un rumor callejero a una verdadera leyenda urbana. El hombre, que levantó con esfuerzo una modesta tortillería, vio cómo su fuente de ingreso y el trabajo de toda una vida se reducían a cenizas tras negarse a pagar las “cuotas” de extorsión impuestas por el crimen organizado.
Lo que comenzó como una tragedia personal se transformó, según versiones que circulan en la región, en una venganza implacable. Dicen que el dolor lo consumió hasta convertirlo en furia, y que Miguel decidió tomar justicia por su propia mano. Los rumores aseguran que, armado y determinado, inició una cacería contra los responsables, presuntamente miembros del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG).
La cifra que corre de boca en boca es impactante: 14 presuntos integrantes del grupo criminal habrían sido asesinados por el tortillero en distintos puntos de Tierra Caliente. Aunque las autoridades no han confirmado oficialmente el número ni la autoría única de Torres, la ola de ejecuciones ha generado tensión y temor en Apatzingán, donde muchos ven en esta historia una mezcla de admiración y miedo.
En un estado asfixiado por la extorsión a pequeños comerciantes, el caso de Miguel Torres simboliza el hartazgo de quienes ya no aguantan más. Si los rumores son ciertos, un hombre común —que amasaba maíz cada mañana— se convirtió en el verdugo de quienes creyeron poder doblegarlo. Una leyenda que, verdadera o exagerada, refleja la desesperación que vive Michoacán.
