En un arrebato que congeló el glamour de la alfombra amarilla, un fanático desquiciado irrumpió como un torbellino en la premiere de Wicked: For Good en Singapur, abalanzándose sobre Ariana Grande con brazos abiertos en un abrazo no solicitado que transformó el evento en un caos de flashes y gritos ahogados. El jueves por la noche, bajo las luces cegadoras del estreno de la secuela del musical, el intruso –un influencer australiano conocido como Johnson Wen o Pyjamamann– saltó las barreras de seguridad, envolviendo a la estrella en un salto frenético que la dejó petrificada, con los ojos abiertos en un terror silencioso que evocaba fantasmas de traumas pasados. La multitud jadeó, el aire se cargó de tensión, y en ese instante de vulnerabilidad absoluta, la magia de Oz se tiñó de realidad cruda: un recordatorio brutal de cómo la adoración fanática puede mutar en amenaza visceral, dejando a la diva pop expuesta en el epicentro de su propio cuento de hadas.
El agresor, un veterano de invasiones escénicas que ha acechado a ídolos como Katy Perry y The Weeknd en giras pasadas, se quitó los zapatos antes de su asalto, avanzando en calcetines blancos y shorts como un espectro obsesionado por la notoriedad digital. Wen, cuya biografía en Instagram proclama a Ariana Grande como “la reina”, no se conformó con admiración a distancia: su video posterior, titulado con un corazón engañoso –”Querida Ariana Grande, gracias por dejarme saltar en la alfombra amarilla contigo”–, acumuló miles de repudios que lo tildaban de enfermo y patético, un depredador de clout que monetiza el miedo ajeno. Este no era un devoto inocente, sino un cazador serial de momentos virales, cuya historia de saltos sobre celebridades ha sembrado un rastro de indignación global, convirtiendo premieres en zonas de guerra donde la línea entre fan y amenaza se borra en un parpadeo.
Pero en el fragor del pánico, surgió un escudo de carne y hueso: Cynthia Erivo, la feroz Elphaba de la pantalla, se transformó en guardiana implacable, irrumpiendo como un relámpago para arrancar al intruso de los brazos de Grande, empujándolo con una fuerza que gritaba protección inquebrantable. Flanqueada por Michelle Yeoh, quien arrastró a la cantante hacia la seguridad, Erivo no solo intervino físicamente –gritando al agresor mientras lo repelía–, sino que envolvió a su coestrella en un abrazo maternal que restauró el pulso en medio del tumulto. “¡Aléjate de ella!”, pareció rugir en el video viral que capturó el momento, un acto de lealtad que eclipsó a la seguridad profesional y desató alabanzas en redes: “Cynthia es la heroína que necesitábamos”, clamaron miles, elevándola a icono de sororidad en una industria plagada de sombras masculinas. Su vínculo con Grande, forjado en ensayos y confidencias sobre bullying y ansiedad, se cristalizó en ese gesto: opuestos de la misma moneda, Glinda y Elphaba unidas contra el mal que acecha.
La respuesta legal no se hizo esperar, y el infractor ahora enfrenta el peso de la justicia singapurense: cargos por crear una molestia pública, un delito que podría traducirse en multas elevadas o incluso tiempo tras las rejas, según documentos judiciales que detallan su expulsión inmediata del venue. Wen, quien se jactó en otro clip de ser “liberado” tras su detención inicial, ignora que este último salto podría costarle caro; fans y analistas exigen no solo sanciones penales, sino demandas civiles que lo dejen en la ruina, curando así la plaga de estos “stunts” que priorizan likes sobre vidas. La premiere de Wicked: For Good, dirigida por Jon M. Chu y con Jeff Goldblum en el elenco, prosiguió con un velo de inquietud, mientras Grande –aún sin declaraciones públicas, aunque visiblemente conmovida– y Erivo abandonaban el lugar de la mano, hacia un auto que las alejó del bullicio. Este incidente, que resuena con el atentado de Manchester en 2017 que dejó cicatrices en la psique de la artista, subraya la urgencia de reforzar perímetros en eventos de alto perfil, donde la euforia colectiva puede incubar peligros letales.
Mientras la gira de estreno culmina en Nueva York este lunes con medidas de seguridad blindadas, el eco de Singapur late como advertencia: la fama no es armadura, y los “fans” como Wen representan un veneno que corroe el sueño americano de Hollywood. Erivo, en su rol de protectora, no solo salvó el momento, sino que iluminó la necesidad de solidaridad femenina en un mundo de flashes traicioneros; Grande, con su silencio elocuente, invita a reflexionar sobre el costo de la idolatría desbocada. En las calles virtuales, el veredicto popular ya se dicta: cárcel para el acosador, aplausos para la defensora, y un juramento colectivo de que Oz, con sus brujas y sus maravillas, merecen guardianes que no fallen. La alfombra amarilla, manchada por un instante de oscuridad, se extiende ahora como sendero de resiliencia, donde el verdadero poder reside no en coronas, sino en el coraje de quien dice “basta” antes de que el daño sea irreversible.
