Chihuahua, Chih. – 23 de enero de 2026 Enero parece cerrarse con una cifra que, más allá de los números fríos, deja al descubierto una realidad incómoda: la estrategia de seguridad en el municipio de Chihuahua fracasó rotundamente y sigue fracasando. Con más de 28 homicidios registrados hasta la fecha, la meta oficial de mantenerlos por debajo de los 25 quedó no solo rebasada, sino exhibida como un objetivo más de discurso que de resultados concretos.
Durante semanas, autoridades municipales intentaron vender la idea de que las acciones implementadas estaban funcionando. Ruedas de prensa, declaraciones optimistas y promesas de control parecían anticipar un cambio de rumbo positivo. Sin embargo, la realidad —siempre implacable— terminó imponiéndose. La violencia no se contuvo, el crimen organizado no retrocedió y las calles de la capital chihuahuense siguieron cobrando vidas de manera alarmante.
El problema no es solo la cifra en sí, sino lo que simboliza: un fracaso evidente y persistente en la estrategia de seguridad pública en le municipio de Chihuahua dirigido por Marco Bonilla. Cada homicidio extra es una señal de alerta que apunta directamente a quienes están al frente. El comisario y su equipo parecen hoy completamente rebasados por una dinámica criminal que no respeta estrategias a medias ni planes mal ejecutados. La percepción ciudadana es clara: el crimen va varios pasos adelante, mientras la autoridad reacciona tarde y de manera insuficiente.
No se trata de exigir milagros ni soluciones instantáneas, pero sí de resultados tangibles. La seguridad no se mide en intenciones, conferencias de prensa o gráficos manipulados, sino en vidas salvadas. Y en enero de 2026, esa medición fue negativa. Reprobatoria y preocupante.
Si las estrategias “funcionaban”, ¿por qué no se alcanzó la meta mínima establecida? Si había control real, ¿por qué se perdió tan rápido? La narrativa oficial empieza a desgastarse rápidamente cuando los números la contradicen, y la ciudadanía —cansada, temerosa y frustrada— ya no se conforma con explicaciones evasivas ni promesas vacías.
Chihuahua no necesita más excusas, más diagnósticos reciclados o más discursos huecos. Necesita mando efectivo, capacidad real y decisiones firmes. Porque cuando la violencia supera sistemáticamente las metas, lo que queda claro es que alguien está fallando estrepitosamente. Y ese alguien tiene nombre y cargo.
Enero ya pasó, con su saldo rojo. La pregunta urgente es si febrero traerá correcciones profundas… o simplemente más funerales. La estrategia de seguridad no solo falló este mes: sigue fracasando mientras no haya cambios radicales.
