La hipervigilancia es un estado en el que el cerebro permanece en alerta constante, incluso sin peligro real. Es un síntoma común del trastorno de estrés postraumático (TEPT). Este mecanismo de supervivencia, aunque protector originalmente, puede afectar el sueño, las emociones y el bienestar diario cuando se mantiene activo durante largos períodos.
Qué es la hipervigilancia y por qué ocurre en el TEPT
La hipervigilancia es un estado de alerta elevado en el que el cerebro monitorea constantemente el entorno en busca de posibles amenazas. Este proceso forma parte del sistema natural de supervivencia. Su función original es proteger al individuo frente a peligros reales.
Sin embargo, en personas con trastorno de estrés postraumático (TEPT), este sistema permanece activado incluso cuando el peligro ya no existe. Según PTSD UK, esto provoca que el cerebro reaccione de forma automática a estímulos cotidianos como sonidos, movimientos o cambios en el entorno.
La investigación en Nature Reviews Neurology explica que este estado está relacionado con cambios en circuitos cerebrales que regulan el miedo y la detección de amenazas. En particular, la amígdala, una región clave en el procesamiento del miedo, se vuelve más sensible y reactiva.
Al mismo tiempo, áreas del cerebro encargadas de regular las respuestas emocionales, como la corteza prefrontal, pueden funcionar de forma menos eficiente. Esto dificulta que el cerebro reconozca cuándo una situación es segura.
Como resultado, el sistema nervioso permanece en un estado de hiperactivación, preparado para responder rápidamente. Aunque este mecanismo fue útil durante el trauma, su activación prolongada puede generar estrés constante.
Este estado no es una elección consciente. Es una respuesta automática del sistema nervioso basada en experiencias pasadas. El cerebro intenta proteger al individuo, pero termina generando una sensación persistente de alerta que puede resultar agotadora.
Efectos físicos y psicológicos de la alerta constante

La hipervigilancia no solo afecta los pensamientos, sino también el cuerpo. El sistema nervioso activa respuestas físicas como el aumento de la frecuencia cardíaca, la tensión muscular y una mayor sensibilidad a estímulos externos.
Estas reacciones forman parte de la respuesta natural de “lucha o huida”. Sin embargo, cuando permanecen activas durante largos períodos, pueden provocar fatiga física y mental.
Las personas pueden sentirse inquietas o incapaces de relajarse completamente. Incluso en entornos seguros, el cerebro continúa evaluando posibles riesgos. Esto puede generar una sensación constante de tensión.
El sueño también se ve afectado. Según PTSD UK, la hipervigilancia puede hacer que las personas se despierten fácilmente ante sonidos pequeños o tengan dificultades para dormir profundamente. La falta de descanso adecuado empeora otros síntomas, como la ansiedad y la irritabilidad.
Desde el punto de vista psicológico, este estado puede provocar una sensación de agotamiento emocional. El esfuerzo continuo de mantenerse alerta consume recursos mentales.
Con el tiempo, esto puede afectar la concentración, el bienestar general y la capacidad de sentirse seguro. El cerebro permanece enfocado en la protección, incluso cuando no existe una amenaza inmediata.
La base neurológica y la posibilidad de recuperación

La investigación científica ha demostrado que la hipervigilancia está relacionada con cambios en la forma en que el cerebro procesa la información. El trauma puede fortalecer las conexiones neuronales asociadas con el miedo y la detección de amenazas.
Esto hace que el cerebro responda más rápidamente a estímulos potencialmente peligrosos. Según Nature Reviews Neurology, estas respuestas están vinculadas a circuitos que involucran la amígdala, el hipocampo y la corteza prefrontal.
El hipocampo, que participa en la memoria, puede contribuir a reactivar respuestas asociadas con experiencias traumáticas pasadas. Esto puede hacer que el cerebro reaccione como si el peligro aún estuviera presente.
Sin embargo, el cerebro también tiene la capacidad de adaptarse. Este proceso, conocido como neuroplasticidad, permite que los circuitos neuronales cambien con el tiempo.
Con tratamiento adecuado, como la terapia psicológica, es posible reducir la hiperactivación del sistema de amenaza. Las intervenciones pueden ayudar al cerebro a reconocer cuándo una situación es segura.
Esto permite que el sistema nervioso recupere gradualmente un estado más equilibrado. La hipervigilancia puede disminuir cuando el cerebro aprende que el peligro ya no está presente.
La hipervigilancia es una respuesta real del cerebro relacionada con el trastorno de estrés postraumático. Aunque originalmente protege, su activación prolongada puede afectar la salud física y mental. La investigación científica demuestra que el cerebro puede adaptarse, y con apoyo adecuado, es posible reducir la alerta constante y recuperar una sensación de seguridad.
Referencia:
Nature Reviews Neurology/Post-traumatic stress disorder: clinical and translational neuroscience. Link
