Esta mañana, Kim Jong-un reiteró el apoyo “incondicional” de Corea del Norte a Rusia y elevó la tensión global al advertir que cualquier enfrentamiento directo entre la OTAN y Moscú sería interpretado como una agresión contra Pyongyang, activando automáticamente el pacto de defensa mutua firmado en 2024. Según el líder norcoreano, un choque OTAN-Rusia equivaldría a un ataque contra su país, lo que obligaría a una respuesta conjunta con las fuerzas rusas.
Esta declaración añade un nuevo factor de disuasión para la Alianza Atlántica: una escalada en Ucrania o Europa podría desencadenar una reacción en cadena desde el Lejano Oriente, complicando cualquier cálculo estratégico occidental. Aunque analistas coinciden en que se trata principalmente de un mensaje político —para reforzar la imagen de Rusia como potencia respaldada y no aislada—, refleja la creciente interdependencia militar y estratégica entre Moscú y Pyongyang, con intercambios de tecnología, armamento y tropas ya documentados.
Kim Jong-un busca proyectar fortaleza y consolidar el eje antioccidental, pero su amenaza también expone la vulnerabilidad de un régimen que apuesta por la escalada retórica para compensar limitaciones internas. Para la OTAN, es un recordatorio incómodo de que la guerra en Ucrania ya no es solo europea: el tablero global se amplía, y un error de cálculo podría encender múltiples frentes. Un aviso que, aunque operativo sea limitado, obliga a Occidente a medir cada paso con mayor cautela. 🌍⚠️
