La disponibilidad de agua dulce ya no puede entenderse sólo como un problema de sequías o mala gestión puntual. Investigaciones científicas recientes y análisis de la ONU coinciden en que el planeta enfrenta un desequilibrio estructural entre uso y regeneración del agua, con consecuencias profundas para los sistemas naturales y humanos.
La definición científica de la bancarrota hídrica
El artículo, publicado en la revista científica Water Resources Management, introduce el concepto de bancarrota hídrica como una herramienta analítica para describir un estado crítico de los sistemas de agua. Según este enfoque, un sistema entra en bancarrota cuando la extracción y degradación superan de forma persistente su capacidad natural de recuperación.
A diferencia de la escasez temporal, la bancarrota hídrica implica un déficit crónico. Incluso con políticas de eficiencia, los ecosistemas no logran volver a sus niveles históricos. El estudio explica que esta condición surge por la combinación de sobreexplotación, contaminación y alteraciones climáticas que reducen la recarga de acuíferos, ríos y suelos.
Desde el punto de vista hídrico, el problema no es solo cuánto agua se usa, sino cómo y a qué ritmo. Cuando el “capital hídrico” se consume más rápido de lo que se repone, el sistema pierde resiliencia. El artículo subraya que este marco permite evaluar riesgos a largo plazo y evitar la falsa percepción de que siempre habrá una solución técnica disponible.
El enfoque económico y global de la ONU

Este marco científico coincide con el análisis presentado por la Comisión Global sobre la Economía del Agua, respaldada por la ONU. De acuerdo con The Economics of Water, el uso humano del agua dulce ha superado la capacidad de regeneración de los sistemas naturales, lo que algunos autores describen como una situación de “bancarrota hídrica” a escala global.
La ONU plantea que el agua debe entenderse como un bien común global, no solo como un insumo económico. Cuando se ignoran los límites físicos del ciclo hídrico, se generan pérdidas ambientales que afectan la seguridad alimentaria, la salud y la estabilidad social.
Este enfoque económico no contradice la ciencia hídrica, sino que la complementa. Al traducir los daños ecológicos en términos de capital natural, se evidencia que el modelo actual de desarrollo está acumulando una deuda hídrica que no puede sostenerse indefinidamente.
Implicaciones para la gestión futura del agua

Tanto el artículo científico como los informes de la ONU coinciden en que la respuesta no puede limitarse a la gestión de crisis. Reconocer la bancarrota hídrica implica aceptar que algunos daños son permanentes y que la planificación debe ajustarse a la disponibilidad real del recurso.
Esto requiere rediseñar sistemas agrícolas, urbanos e industriales para reducir la presión sobre las fuentes de agua. La restauración de suelos, ríos y acuíferos se vuelve tan importante como la eficiencia tecnológica.
El concepto de bancarrota hídrica también cambia la forma de medir el éxito. Ya no basta con garantizar el suministro a corto plazo; el objetivo es mantener la viabilidad a largo plazo de los sistemas que sostienen a la sociedad.
La bancarrota hídrica no es solo una metáfora alarmista. Es un concepto respaldado por la ciencia y por organismos internacionales que advierte sobre los límites del ciclo del agua. Reconocerla es el primer paso para transitar hacia una gestión más realista y sostenible del recurso.
Referencia:
- Water Resources Management/Water Bankruptcy: The Formal Definition. Link
