Antes de convertirse en una de las máximas figuras de la música ranchera, Vicente Fernández vivió una infancia sencilla en la colonia Huentitán El Alto, en Guadalajara. Fue en ese entorno popular donde comenzó a forjarse el carácter del hombre que más tarde sería conocido como “El Charro de Huentitán”.
Hoy, la casa donde creció el cantante sigue en pie y conserva gran parte de su esencia original. Aunque ha sido remodelada por dentro, el inmueble mantiene un estilo rústico que remite a los orígenes humildes de Vicente Fernández y al ambiente que marcó sus primeros años de vida.
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Huentitán, el barrio que marcó la infancia de Vicente Fernández
Antes de mudarse a Tijuana, Vicente Fernández pasó su niñez en Huentitán El Alto, una de las zonas más tradicionales de Guadalajara. La vivienda familiar se localiza en el cruce de las calles Arcediano y Otilio González, un punto ampliamente reconocido por los vecinos del lugar.
De acuerdo con testimonios, gran parte de esa cuadra pertenecía a los padres del cantante, lo que convirtió la zona en un espacio clave para su desarrollo personal. Para quienes lo conocieron, Vicente siempre fue “una persona de Huentitán”, profundamente arraigada a su comunidad y orgullosa de sus raíces.

Una vivienda de estilo rústico que se mantiene casi intacta
Actualmente, la casa es habitada por Óscar González, quien trabajó durante años con Vicente Fernández. Aunque el interior fue renovado, el inmueble conserva su esencia original, con techos altos y elementos tradicionales que evocan otra época.
En su interior destacan:
- Los equipales.
- La herrería antigua.
- Las sillas de montar.
- Los sombreros charros.
- Los cimientos de adobe que aún sostienen la estructura.
Estos detalles refuerzan el carácter rústico de la vivienda y la convierten en un reflejo fiel del estilo de vida que rodeó al cantante durante su infancia.

Valor histórico y legado cultural del “Charro de Huentitán”
Más allá de la casa, el recuerdo de Vicente Fernández permanece vivo entre vecinos y trabajadores que lo describen como una persona humilde, tranquila y generosa. Óscar González asegura que fue un orgullo trabajar con él en el rancho Los Tres Potrillos y vivir hoy en la que fuera su casa, a quien define como “un señorón”.
Las anécdotas sobre su generosidad son frecuentes. Desde apoyos económicos inesperados hasta su cercanía con las familias del barrio, “Chente” dejó una huella profunda en quienes lo rodearon.
Los habitantes de Huentitán El Alto también lo recuerdan por su devoción a la Virgen de Guadalupe, a quien solía llevar serenata cada 12 de diciembre con mariachi, una tradición que se interrumpió hace tres décadas por petición de autoridades religiosas.
Desde joven, Vicente Fernández tenía claro su destino. Uno de sus recuerdos más citados es cuando cantaba en la barranca y aseguraba a sus amigos que con su voz mantendría a su familia, una convicción que terminó por cumplirse.
La casa de Huentitán no solo es una construcción antigua; es un testimonio vivo de los orígenes de Vicente Fernández. Entre muros de adobe y objetos charros, el legado del “Charro de Huentitán” sigue presente como símbolo de esfuerzo, identidad y orgullo para Guadalajara y para todo México.

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