Un plan maestro que salió peor que mal convirtió a un ladrón en el hazmerreír de Eldorado, Misiones, cuando decidió colarse por la chimenea de una casa ajena para saquearla, solo para quedarse atascado como un calcetín en un tubo angosto, gritando por auxilio en la oscuridad mientras el amanecer revelaba su ridícula predica.
El drama explotó en la calle Capioví del kilómetro 8, en el barrio Belgrano, donde el hombre de 26 años —aún sin identificar públicamente— irrumpió en el techo la noche del martes, creyendo que la vivienda estaba vacía. Horas de forcejeo lo dejaron extenuado, con músculos entumecidos y el pánico royéndole las uñas, hasta que sus cómplices de vigilancia lo abandonaron a su suerte, dejando que sus alaridos despertaran a los vecinos como un villano de película B.
Al alba, el dueño de la casa, arrancado de su sueño por los lamentos, alumbró el ducto y descubrió la escena grotesca: “Feliz día del trabajador… así empecé la jornada yo. Tempranito me despertó un ratero gritando adentro de una chimenea”, escribió en un grupo de WhatsApp, un chiste macabro que se viralizó mientras la Policía de Misiones acordonaba el área.
Los agentes no pudieron extraerlo solos —el tipo se lastimaba con cada tirón—, así que convocaron a los bomberos, quienes batallaron dos horas para liberarlo del encierro de ladrillos y hollín. Al salir, el ladrón jadeante pidió agua, se quejó de dolores por todo el cuerpo y delató a “vecinos de la cuadra” como sus instigadores, un balbuceo que selló su destino ante los uniformados.
Detenido por tentativa de robo, el hombre enfrenta cargos que lo mandarán a la sombra real, no a la de una chimenea, en un caso que une a Misiones con otros absurdos globales: desde Ohio donde un ladrón fue rescatado por drones, hasta Jaén donde uno pereció en su propia trampa. Aquí, el karma no mata, pero humilla sin piedad.