La idea de que oler aceite esencial de rosa pueda modificar el cerebro ha generado gran interés. Un estudio reciente analizó si la estimulación olfativa continua produce cambios estructurales medibles. ¿Estamos ante un hallazgo revolucionario o ante una interpretación exagerada? Aquí te lo explicamos.
¿Qué descubrió el estudio sobre el aceite de rosa y la materia gris?
En 2024, un estudio longitudinal publicado en la revista científica Scientific Reports evaluó el efecto de la estimulación olfativa con aceite de rosa sobre el cerebro humano utilizando resonancia magnética (MRI). El objetivo era determinar si una exposición constante a un estímulo aromático podía generar cambios estructurales medibles en la materia gris.
Los participantes estuvieron expuestos de forma continua al aroma durante aproximadamente 30 días. Antes y después del periodo de intervención se realizaron escáneres cerebrales para comparar posibles variaciones en el volumen de distintas regiones del cerebro. Este diseño permitió observar cambios estructurales de manera objetiva, utilizando herramientas de neuroimagen reconocidas en investigación científica.
Los resultados mostraron un incremento significativo en regiones específicas del cerebro. La zona que presentó mayor variación fue la corteza cingulada posterior (PCC), un área vinculada con la memoria, la integración emocional y procesos relacionados con la autorreferencia. Este hallazgo llamó la atención porque la PCC forma parte de redes del cerebro implicadas en funciones cognitivas complejas.
Es importante aclarar que el estudio no reportó una expansión global de todo el cerebro. Los cambios fueron localizados y medidos bajo condiciones concretas. Aun así, los autores sugieren que la estimulación constante del sistema olfativo podría mantener activas determinadas redes neuronales, favoreciendo procesos de neuroplasticidad en el cerebro.
Dado que la materia gris contiene la mayor parte de los cuerpos neuronales del cerebro, cualquier variación en su volumen despierta interés científico. Sin embargo, estos resultados deben interpretarse dentro del contexto del estudio y no como una transformación generalizada del cerebro.
¿Por qué el olfato puede influir en el cerebro?

El sentido del olfato ocupa un lugar especial en el sistema nervioso y en el funcionamiento del cerebro. A diferencia de otros sentidos, las señales olfativas llegan de manera casi directa a regiones profundas del cerebro relacionadas con la emoción y la memoria, sin pasar por tantos filtros corticales intermedios.
Cuando inhalamos un aroma, las moléculas activan receptores en la cavidad nasal que envían señales al bulbo olfatorio. Desde allí, la información se proyecta hacia estructuras del cerebro como la amígdala y el hipocampo, ambas integradas en el sistema límbico. Esta conexión explica por qué ciertos olores pueden desencadenar recuerdos intensos o respuestas emocionales inmediatas en el cerebro.
La estimulación repetida de estas vías puede reforzar circuitos neuronales específicos del cerebro. En otros ámbitos, como el aprendizaje de habilidades nuevas o la práctica de meditación, se ha observado que la repetición sostenida puede generar cambios medibles en el volumen de materia gris del cerebro. El estudio sobre el aceite de rosa plantea que una exposición aromática constante podría producir un efecto similar en determinadas regiones del cerebro.
Sin embargo, el mecanismo exacto aún no está completamente esclarecido dentro del cerebro. Se necesitan más investigaciones para comprender cómo un estímulo sensorial aparentemente simple puede traducirse en adaptaciones estructurales detectables mediante neuroimagen en el cerebro.
¿Significa esto que mejora la memoria o la salud mental del cerebro?

Aquí es fundamental mantener la prudencia. El estudio detectó cambios estructurales en regiones específicas del cerebro, pero no demostró de manera concluyente mejoras directas en memoria, aprendizaje o rendimiento intelectual del cerebro.
Un incremento en volumen de materia gris del cerebro puede asociarse a procesos adaptativos, pero eso no implica automáticamente beneficios clínicos en el funcionamiento general del cerebro. Para establecer mejoras cognitivas claras se requieren pruebas neuropsicológicas específicas y estudios replicados en distintas poblaciones.
Además, el tamaño de la muestra y la duración del seguimiento indican que se trata de evidencia preliminar. La ciencia avanza acumulando resultados consistentes en múltiples investigaciones independientes sobre el cerebro, algo que todavía no ocurre en este campo.
Lo que sí cuenta con respaldo previo es que ciertos aromas pueden influir en el estado de ánimo y en la forma en que el cerebro procesa el estrés. Estos efectos subjetivos son relevantes, aunque diferentes a afirmar que el cerebro “crece” o se optimiza de forma global.
Por eso, interpretar estos hallazgos con equilibrio es clave. Se trata de un resultado interesante dentro del estudio de la neuroplasticidad del cerebro, pero no de una solución milagrosa para potenciar la capacidad cognitiva del cerebro.
La estimulación olfativa con aceite de rosa mostró cambios localizados en la materia gris del cerebro tras exposición continua durante un mes. Es un hallazgo prometedor sobre la neuroplasticidad del cerebro, pero aún es preliminar. No implica una expansión global del cerebro, sino una línea de investigación que necesita más evidencia científica.
Referencia:
Brain Research Bulletin/Continuous inhalation of essential oil increases gray matter volume. Link
