Cuanto más temprano ocurre un trauma en la vida de una persona, más susceptible será. Así lo asegura Raquel López Pavón, psicóloga especializada en trauma y regulación emocional y autora de No es un monstruo, es una herida (Ed. Kitaeru). De hecho, aunque subraya que no todo malestar emocional es consecuencia de un trauma, cuando este ocurre en la infancia afecta al correcto desarrollo de la personalidad del niño, pues “su cerebro quedará configurado en torno al miedo, a la sensación de soledad, de abandono, de insuficiencia, de tener que estar siempre alerta”.
¿Cómo ayudar a un niño o a un adolescente a superar un trauma? ¿Cómo podemos protegerlos y fortalecerlos psicológicamente frente a eventos traumáticos? La experta da las claves de manera clara y sencilla.
¿Qué es un trauma?
Un trauma es la herida psicológica que ocurre cómo consecuencia de enfrentarse a eventos tan grandes, intensos, duraderos o dolorosos que el cerebro no puede gestionarlos y procesarlos como hace con el resto de vivencias. Esto implica que se genera una desregulación emocional, que se alteran los circuitos cerebrales relacionados con el miedo y con la alerta y que el cerebro “aísla” esa información traumática para intentar seguir siendo funcional, pero esa información se cuela en forma de flashbacks, de pesadillas, de ansiedad, de disociación, de emociones desbordantes y un largo etc.
Es importante destacar que lo importante del trauma no es el evento en sí, es la experiencia subjetiva de quien lo vive y todo lo que tiene que hacer para sobrevivir a ello.
¿Son más profundos los traumas originados en la infancia que los que aparecen más adelante, en la adolescencia o en la vida adulta?
Podría decirse que sí. Aunque todo son traumas, cuanto más temprano en la vida, más susceptibles somos. Si una persona ha podido desarrollarse con seguridad y luego sufre un trauma, tendrá más factores de protección, como si tuviera un pequeño amortiguador ante lo sucedido. Esto no impide que se desarrolle un trauma, pero sí hace que el impacto sea menor o que la persona pueda tener más herramientas para gestionarlo.
Sin embargo, el trauma en la infancia y adolescencia impedirá que se desarrolle la personalidad de quien lo sufre y su cerebro quedará configurado en torno al miedo, a la sensación de soledad, de abandono, de insuficiencia, de tener que estar siempre alerta. Esto hace que, en momentos en los que estamos muy susceptibles y en pleno desarrollo, la energía que tendría que ir a aprender cosas normales como tener relaciones sanas, regularnos emocionalmente, comprender el contexto… en realidad vaya hacia estrategias de supervivencia. La persona se convierte en una experta en sobrevivir, pero no llega a saber cómo vivir, cómo sentir, quién es, qué le gusta, cuél es su esencia. El trauma se liga directamente con la identidad.
