En el vertiginoso mundo de la Fórmula 1, donde cada curva puede definir destinos, Red Bull ha soltado una confesión que retumba como un eco de derrotas pasadas: su primer ciclo sin la presencia de Checo Pérez se ha convertido en un naufragio de expectativas. Tras el Gran Premio de Brasil, que dejó un regusto amargo en la boca de todos, Helmut Marko, el influyente asesor de la escudería, soltó la verdad sin filtros sobre las escasas chances de Max Verstappen para retener la corona mundial. A pesar de una épica escalada desde los boxes hasta el podio en tercer lugar, que le granjeó el galardón de piloto destacado del día, el holandés vio cómo Lando Norris lo superaba una vez más, ampliando la brecha a 49 puntos en la tabla de líderes. Con solo tres carreras pendientes y un puñado de 83 unidades en disputa, el horizonte se tiñe de sombras para el defensor del título, obligando al equipo a reconocer que sus apuestas audaces se han torcido en un laberinto de errores estratégicos.
El peso de esta admisión cae como un mazazo en el corazón del equipo, que ahora enfrenta la cruda realidad de haber dilapidado sus oportunidades al apostar ciegamente por sus puntos fuertes en las seis competencias que siguieron a Imola. “Sin un descalabro de Norris, no hay forma de soñar con el campeonato”, proclamó Marko en su incisiva columna para ‘speedweek.com’, un lamento que desnuda la vulnerabilidad de Red Bull en esta era post-Pérez. La ausencia del mexicano, que tanto contribuyó a la estabilidad emocional y técnica del grupo, ha dejado un vacío que las innovaciones del RB21 no han podido llenar, transformando lo que debería ser una cacería implacable en una mera supervivencia. Esta confesión no es solo un diagnóstico; es un grito de auxilio que obliga a replantear todo, desde la configuración del monoplaza hasta la dinámica interna, en un deporte donde la debilidad se castiga sin piedad.
Marko, con su habitual franqueza austríaca, disecciona el panorama con precisión quirúrgica: la escudería ha captado qué aspectos del paquete técnico fallan estrepitosamente y cuáles brillan, un conocimiento que, aunque esperanzador, llega demasiado tarde para revertir el curso de la temporada. “La perspectiva global resulta alentadora porque hemos desentrañado qué opera a nuestro favor y qué nos traiciona”, reflexiona, pero el tono subyacente es de resignación ante un título que se escapa como arena entre los dedos. Esta autocrítica resuena en los garajes de Milton Keynes, donde ingenieros y estrategas se devanan los sesos para inyectar vida al proyecto, recordándonos que en la Fórmula 1, el fracaso no es un tropiezo, sino una lección grabada en acero que forja o destruye dinastías.
Mirando hacia el cierre del calendario, con Las Vegas, Catar y Abu Dabi acechando como arenas movedizas finales, Marko deposita una chispa de optimismo en el circuito estadounidense, donde el diseño del trazado podría inclinar la balanza a favor del RB21 y permitirle arañar puntos vitales contra los voraces McLaren. “Las secciones veloces y prolongadas de Qatar y Abu Dabi, en cambio, jugarán en terreno enemigo, beneficiando a los rivales”, advierte, pintando un tapiz de contrastes donde cada pista será un campo de batalla impredecible. No obstante, la brecha entre contendientes se ha estrechado como un lazo al cuello, y como demostró Brasil con su caos clasificatorio –donde un error mínimo puede catapultarte de la gloria a la irrelevancia–, nada está escrito en piedra. “Observaremos cómo se despliegan los eventos, especialmente porque, tal como Brasil nos escupió en la cara, un mínimo desliz te expulsa de la lucha en la Q1”, concluye Marko, un recordatorio brutal de la fragilidad que acecha en cada vuelta.
Incluso Verstappen, el guerrero incansable que ha cargado con el peso de la escudería sobre sus hombros, destila una mezcla de orgullo y frustración al evaluar su año. “Me siento complacido con mi desempeño global. Cuando abandono el habitáculo, no tolero la idea de no haber exprimido cada gota de potencial; me irrita si no me entrego al cien por ciento. No acepto medias tintas ni el 80%; debo emerger exhausto, convencido de haberlo apostado todo”, declara en una entrevista con ‘Viaplay’, un mantra que encapsula su ethos implacable. “En términos de ejecución, estoy en paz. Particularmente en las sesiones de calificación, que al inicio de mi trayectoria fueron mi talón de Aquiles, ahora me miro con satisfacción. Opino que saqué el jugo máximo al equipo que pilotaba”, remata, un testimonio de resiliencia que ilumina el camino para Red Bull en medio de la tormenta, aunque el título parezca un espejismo lejano en este primer ensayo sin el pilar que fue Pérez.
