La columna
POR CARLOS JARAMILLO VELA
La pretendía reforma electoral puso a Morena en antesala de una ruptura por parte de sus aliados, PT y PVEM. Molestos ante la posibilidad de que la reforma disminuya el número de escaños plurinominales y las asignaciones presupuestales, estos partidos adheridos al régimen morenista advirtieron la posibilidad de negarse a aprobar la reforma si no se efectúan los cambios que eliminen la afectación a sus intereses. La importancia de la eventual ruptura radica en la necesidad que tiene Morena para contar con los votos de ambos partidos satélites, pues sin ellos no tendría la mayoría necesaria para lograr la reforma. Preocupada por la reacción de los aliados, la presidenta Claudia Sheinbaum ordenó a la Secretaria de Gobernación que negociara con los líderes de esos partidos, para mantenerlos de su lado.
Tal modificación legal, a la que han dado impulso Claudia Sheinbaum y Pablo Gómez -comisionado para su implementación-, proviene de los designios del expresidente Andrés Manuel López Obrador, quien durante su mandato no pudo imponerla por falta de aprobación en la Cámara de Diputados. Hoy, con la mayoría que Morena y sus aliados se adjudicaron ilegalmente en la cámara baja tal aprobación podrá obtenerse, y con ello se realizará el sueño del exmandatario y líder moral del movimiento morenista: perpetuar a Morena en el poder.
Por ello lo más importante de la reforma no es su autoría intelectual, ni la circunstancia por la que ha atravesado, sino su contenido y repercusión. Lo trascendente es el impacto que tendrá para la democracia, pues disminuirá considerablemente la capacidad de representación de los partidos opositores y su financiamiento, y quitará a la ciudadanía la facultad de recibir y contar los votos en las elecciones. Está planeada para favorecer a Morena debilitando al resto de las fuerzas políticas y quitando a los ciudadanos el manejo y control de la votación en las casillas electorales. Así de claro y perverso es el proyecto.
Con anterioridad a la reforma electoral el gobierno de Morena ha venido imponiendo una serie reformas constitucionales para hacerse del control de los principales órganos que garantizaban la democracia y el Estado de derecho. Hoy tiene bajo su mando al Poder Judicial, al Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación y a los Organismos Autónomos, a todos los cuales convirtió, de hecho o de derecho, en dependencias del Poder Ejecutivo. La nueva iniciativa representa para el régimen morenista la conclusión de su proyecto totalitario para el control absoluto de las instituciones jurídico-políticas del Estado mexicano.
En síntesis, la reforma electoral está diseñada para facilitar a Morena su perpetuación en el poder, aunque para vender la iniciativa se utilicen expresiones demagógicas como “austeridad y disminución de costos”. La reforma es un plan anhelado por Andrés Manuel López Obrador y los miembros de su oligarquía, para conservar el poder político en México por un tiempo prolongado. Esto es un grave
retroceso autoritario y antidemocrático que coloca a México en similitud con los países gobernados por dictaduras.
carloshjaramillovela@yahoo.com
Miembro de la Asociación de Editorialistas de Chihuahua, A.C.
