El desplazamiento forzado que vivieron familias de la comunidad de Atascadero y localidades cercanas, tras los hechos de violencia registrados a finales de diciembre, comienza a colocarse nuevamente en la agenda pública del estado. La Comisión de Desplazamiento Forzado Interno trabaja actualmente en un operativo que permita el retorno seguro de quienes abandonaron sus hogares por miedo y por la falta de condiciones mínimas de seguridad en la región. El tema fue analizado el pasado 27 de febrero durante la Mesa de Seguridad realizada en la zona, encuentro en el que participaron autoridades estatales, federales y la propia gobernadora, quienes acordaron diseñar un esquema de atención que contemple dos frentes fundamentales: garantizar la seguridad en las comunidades y brindar atención social a las familias afectadas.
De acuerdo con los registros oficiales, se tiene identificado a cerca de 200 núcleos familiares que permanecen desplazados entre Chihuahua capital, Parral y Delicias, aunque algunos de ellos comenzaron a regresar por cuenta propia desde el fin de semana pasado, notificando previamente a las autoridades para recibir acompañamiento durante su traslado. El plan del gobierno estatal contempla que el martes 17 de marzo se lleve a cabo un retorno organizado para quienes decidan volver a sus comunidades, bajo un esquema de protección institucional en el que participan elementos del Ejército, la Guardia Nacional, la Agencia Estatal de Investigación y la Secretaría de Seguridad Pública del Estado, en un intento por devolver, al menos en parte, la tranquilidad a una región marcada por la violencia.
Resulta interesante observar cómo el municipio define sus prioridades y cómo ciertas zonas parecen recibir una atención más inmediata que otras. Un ejemplo reciente es la colonia Quintas del Sol, donde hace apenas unos días el alcalde dio inicio a trabajos de rehabilitación de pavimento, así como la intervención en la calle J. Domínguez de Mendoza. Se trata de un sector con alta plusvalía y donde, curiosamente, el tránsito vehicular no es particularmente intenso. Sin embargo, ahí sí hubo recursos y rapidez para mejorar la infraestructura. Esto inevitablemente abre la pregunta sobre cuáles son los criterios que utiliza la autoridad municipal para decidir qué calles se pavimentan primero y cuáles deben seguir esperando.
Mientras tanto, hay puntos de la ciudad que viven una realidad muy distinta. El crucero de Melchor Guaspe y 16 se ha convertido en un verdadero problema para quienes circulan por ahí diariamente: baches, desgaste del pavimento y un flujo constante de vehículos que contrasta con la atención que reciben otras vialidades mucho menos transitadas. Y si se mira hacia el sur de la ciudad, después de las vías del tren, el abandono es aún más evidente. Salvo algunos tramos rehabilitados en la colonia Dale, el resto parece haber quedado fuera del mapa municipal.
VAYA APURO que traen en la administración de Marco Bonilla por quedar bien ante la opinión pública, aunque el verdadero fin, sea enfilarse para las elecciones de 2027, pues el poco carismático Carlos Rivas Martínez, director de obras públicas, encabeza una conferencia de prensa cada semana para dar informes sobre los avances de los pasos a desnivel en la capital.
La primera, está bien; la segunda; como quiera pasa; la tercera, solo por no tener otra nota que reportear; pero la cuarta conferencia de prensa consecutiva para informar que se puso un tornillo más, de plano está desesperando a los reporteros de la fuente, quienes, por órdenes de sus respectivos jefes, deben chutarse una reunión para medios con pocos avances por informar.
Incluso entre semana, hay reporteros que abordan al funcionario para hacer lucir el avance de pocas horas, solo para contar con una nota más y cumplir con la cuota, así lo dicen algunos y algunas.
Es por demás notoria la desesperación por sobresalir y hacer notar a Marco Bonilla en Palacio, de donde se tiene un gran peso en la balanza a la hora de decantarse por las candidaturas, que por cierto sigue abierta la herida de la afrenta hecha en un desfile público.
¿Por cierto, las fotos durante la presentación de la Copa del Mundo dicen mucho y no se ve una que envíe un mensaje de respaldo?
Por otro lado, en el mismo evento, en una de las fotografías enviadas, dejan a Bonilla Mendoza atrás como los fielders; y en otra, mejor ni le platicamos.
La idea de crear una Coordinación Municipal de Medio Ambiente y Protección Civil sonaba maravillosa y de vanguardia, una oficina que, en teoría, atendería desde árboles, aire limpio y fauna urbana, hasta emergencias. Una especie de superdependencia para cuidar la ciudad, los ecosistemas… y de paso la conciencia colectiva. El problema es que entre la teoría y la realidad suele haber una pequeña diferencia: la realidad.
Porque en esta ciudad no estamos hablando de rescatar a tres perritos extraviados y plantar un par de árboles. No. Aquí estamos hablando de un ecosistema urbano completo que camina, ladra, maúlla y se reproduce sin control. Miles y miles de perros en las calles. Colonias donde los gatos ya no son mascotas sino una comunidad felina perfectamente organizada. Si alguien se pusiera a contarlos, quizá descubriríamos que la ciudad no tiene un millón de habitantes… sino un millón y medio, contando a los de cuatro patas.
Y entonces surge la pregunta incómoda:
¿De verdad pensaron que una coordinación municipal podría con eso?
Porque si la Policía Municipal de Chihuahua ya batalla para atender reportes de seguridad, riñas, robos, accidentes y emergencias de una ciudad que no deja de crecer, ahora también tiene que lidiar con ataques de perros, rescates de animales, denuncias de maltrato y conflictos entre vecinos por colonias convertidas en refugios improvisados.
Pero el asunto no se queda ahí. En este tema hay un actor que cualquier funcionario debería estudiar antes de abrir la boca: el mundo del rescate animal. Un universo complejo, pasional y profundamente dividido. Hay rescatistas comprometidos, sí, pero también grupos que no se ponen de acuerdo ni entre ellos. Y en medio de ese campo minado, el gobierno municipal decidió entrar… con botas de papel.
El rechazo hacia la titular de la coordinación, Rocío Reza, es apenas un ejemplo. No porque necesariamente haya una discusión técnica de fondo, sino porque en este sector las simpatías y antipatías pesan tanto como las políticas públicas.
A eso súmele otro ingrediente explosivo: muchas de las rescatistas más visibles son mujeres con poder económico, redes de influencia, formación profesional —abogadas, activistas— y una capacidad notable para movilizar presión pública. Y sí, muchas también son abiertamente críticas del gobierno en turno.
Traducción política: el Ayuntamiento se metió voluntariamente a una arena donde cualquier decisión genera una tormenta en redes sociales.
Y luego está el otro frente: el ambiental. Los ambientalistas, hay que decirlo, dominan dos artes modernas con precisión quirúrgica: la denuncia pública y la organización digital. Un árbol mal podado puede convertirse en tendencia en cuestión de horas. Una obra cuestionada puede escalar a protesta. Y una mala respuesta oficial puede convertirse en un desastre mediático.
Así que, recapitulando, el municipio decidió crear una coordinación que debe atender simultáneamente el caos de la fauna urbana, las disputas del activismo animalista, la presión del ambientalismo organizado y las emergencias propias de Protección Civil.odo eso… con una estructura municipal que ya de por sí opera con personal limitado.
No es una dependencia. Es una tormenta perfecta. La idea original quizá buscaba modernizar la administración pública y atender causas legítimas. Pero en la práctica, lo que parece haber ocurrido es algo más simple: el Ayuntamiento decidió cargar sobre sus hombros un problema que se acumuló durante décadas. Y los problemas acumulados durante décadas no se resuelven con un organigrama nuevo.
Hoy lo que vemos no es una coordinación resolviendo conflictos, sino una administración enfrentándose a un monstruo administrativo, social y político que crece más rápido que cualquier política pública.
Porque cuando una ciudad no ha podido ordenar sus calles, controlar su crecimiento urbano o atender sus servicios básicos… quizá intentar administrar todo un ecosistema urbano de animales, activistas y ambientalistas era, desde el inicio, una misión imposible. O como diría cualquier burócrata honesto en privado: “Primero aprendamos a gobernar la ciudad… y luego vemos si también podemos gobernar a los gatos.”