En la más reciente medición de Massive Caller rumbo a la contienda interna del Partido Acción Nacional por la alcaldía de Chihuahua, el nombre de César Gustavo Jáuregui Moreno no solo se mantiene al frente, sino que amplía su ventaja, confirmando una tendencia ascendente que viene arrastrando desde meses atrás. Con 24.1% de las preferencias en el estudio levantado el 7 de abril, Jáuregui se afianza como el perfil dominante dentro del panismo local, creciendo de manera sostenida frente a sus competidores y perfilándose como el puntero rumbo a la definición municipal. Más abajo aparecen Rafa Loera Talamantes con 17.6%, Santiago de la Peña Grajeda con 15.7%, María Angélica Granados con 14.8% y Alfredo Chávez Madrid con 9.3%, en un escenario donde la ventaja del primer lugar parece cada vez más difícil de alcanzar.
Sin embargo, lo que más ha llamado la atención en los corrillos políticos no es quién encabeza la lista, sino quién aparece en el segundo lugar. La posición de Rafa Loera resulta, para muchos, francamente increíble. Su corta trayectoria y bajo posicionamiento previo hacen que pocos dentro del propio panismo den por válida esa ubicación, al grado de que ya hay quienes aseguran que el propio interesado habría impulsado la medición. Y es que, aunque las encuestadoras suelen ofertar sus servicios a distintos actores políticos, también es bien sabido que algunas terminan acomodando los resultados para favorecer a sus clientes. Bajo esa sospecha, el segundo puesto de Loera no solo genera dudas, sino que se percibe como un intento artificial de colocarlo en la conversación, en contraste con un Jáuregui que crece con números consistentes. En paralelo, el estudio también coloca al PAN con 42.6% de intención de voto frente al 34.7% de Morena, en una contienda que, por ahora, pinta favorable para los blanquiazules en la capital.
¿Qué le pasó a Miguel Riggs? La pregunta quedó en el ambiente durante la más reciente sesión de Cabildo, luego del posicionamiento que presentó la regidora del PAN, Isela Martínez Díaz, para exhortar al Gobierno Federal a respaldar a los productores del campo chihuahuense. Lo que se perfilaba como un posible intercambio político terminó por desvanecerse en cuestión de minutos, dejando más dudas que respuestas.
Desde su intervención, Isela Martínez planteó un escenario complicado para el campo: falta de apoyos, incremento en los costos de producción y una política federal que, a su juicio, no ha respondido a la magnitud de la crisis. Su mensaje fue directo, sin rodeos, y con una carga crítica que apuntaba claramente hacia la Federación. No hubo titubeos. La regidora sostuvo su postura con firmeza y dejó sobre la mesa un exhorto que pedía acciones concretas.
En ese contexto, Miguel Riggs levantó la mano. El gesto no pasó desapercibido. En política, ese simple movimiento suele anticipar una réplica, un posicionamiento o incluso un debate frontal. Por unos segundos, todo indicaba que vendría una respuesta que contrastara lo dicho por la panista. Sin embargo, lo que siguió no cumplió con esa expectativa.
La intervención del regidor de Morena se limitó a una exposición general sobre la existencia de programas federales dirigidos al campo, sin entrar de lleno en los señalamientos planteados. A ello sumó una explicación sobre el precio del diésel, atribuyéndolo a factores internacionales y conflictos en Medio Oriente, aunque con referencias poco precisas sobre los países mencionados. El discurso no conectó con el fondo del exhorto ni logró establecer un contraste sólido.
El momento que pudo escalar a un intercambio político quedó en pausa. No hubo réplica, ni contraargumento directo, ni mucho menos un debate que permitiera confrontar visiones. La escena cerró con un escueto “ah… ok, gracias”, que terminó por diluir cualquier posibilidad de discusión.
La situación abrió espacio a interpretaciones. Algunos podrían ver en la actitud de Riggs una decisión de evitar confrontaciones innecesarias; otros, una intervención que no logró sostenerse frente a la contundencia del posicionamiento inicial. También queda en el aire si el contexto político actual, donde ciertos temas implican costos más altos en la arena pública, influyó en la forma en que decidió participar.
A ello se sumó la ausencia de Hugo González, quien en otras ocasiones ha tenido un papel más activo en este tipo de discusiones. En su lugar, la participación del bloque morenista recayó prácticamente en Elenita Rojo, cuya presencia fue discreta durante la sesión y sin intervenciones relevantes en el tema.
Así, lo que quedó fue una sesión donde la expectativa de debate no se cumplió y donde una sola voz logró sostener el tema con claridad. La de Isela Martínez, que no solo colocó el tema del campo en la agenda, sino que lo hizo sin encontrar una respuesta que realmente le hiciera frente. En política, a veces el silencio pesa más que cualquier discurso, y esta vez, ese silencio también dijo mucho.
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El relevo en el corazón comercial de la ciudad no es menor. La llegada de Liliana Aranzola a la presidencia de Cocentro marca algo más que un simple cambio de dirigencia: representa un giro de identidad. Y eso, para el Centro de Chihuahua, puede ser justo lo que hacía falta.
Ayer, con la toma de protesta encabezada por el alcalde Marco Bonilla, quedó formalizado el inicio de una nueva etapa para los comerciantes del primer cuadro de la ciudad. Aranzola asume el cargo en sustitución de Claudia Portillo, con un perfil distinto, más cercano a la esencia del comercio tradicional que le da carácter a la capital.
Y es ahí donde radica una de sus principales fortalezas.
No se trata únicamente de una empresaria con experiencia, sino de una comerciante que ha crecido dentro de una de las expresiones más representativas de Chihuahua: el giro vaquero. Las tiendas de este tipo no son solo negocios; son parte de la identidad cultural del estado, un símbolo que conecta con la historia, las tradiciones y el estilo de vida del norte del país.
En ese sentido, el perfil de Liliana Aranzola no solo encaja, sino que parece responder a una necesidad que el Centro venía arrastrando: recuperar su esencia.
Durante años, el primer cuadro de la ciudad ha enfrentado retos complejos, desde la competencia de nuevas zonas comerciales hasta la disminución de afluencia en ciertos periodos. Frente a ello, la apuesta por una dirigencia que entienda el comercio desde sus raíces puede marcar una diferencia importante.
Aranzola no llega desde la teoría ni desde una visión ajena al día a día del Centro. Llega desde el mostrador, desde la experiencia directa con el cliente, desde la dinámica real de quienes abren y sostienen negocios todos los días. Ese conocimiento práctico puede traducirse en decisiones más aterrizadas y en estrategias que conecten mejor con la realidad de los comerciantes.
Además, su designación con el respaldo del gremio —reflejado en una planilla de unidad— habla de un consenso que no siempre se logra en este tipo de organismos. Ese respaldo inicial no garantiza resultados, pero sí abre la puerta a una gestión con mayor cohesión interna.
El mensaje también es claro hacia afuera: el Centro quiere renovarse, pero sin perder su esencia.
La presencia del alcalde Marco Bonilla en su toma de protesta no es un detalle menor. Refleja una relación institucional que, de mantenerse en buenos términos, puede facilitar proyectos clave para la revitalización de la zona. Infraestructura, seguridad, promoción comercial: todos son temas donde la coordinación será determinante.
Hoy, el reto no es sencillo. Reactivar el Centro implica competir con nuevas dinámicas urbanas y adaptarse a hábitos de consumo cambiantes. Pero también implica recuperar aquello que lo hace único, aquello que no puede replicarse en plazas comerciales modernas.
Ahí es donde el perfil de Liliana Aranzola cobra sentido.
Porque si algo ha demostrado el comercio tradicional es su capacidad de resistencia, pero también su necesidad de evolucionar sin perder identidad. Y en una ciudad como Chihuahua, donde lo vaquero no es moda sino cultura, ese elemento puede convertirse en un eje estratégico.
Las señales, por ahora, son positivas. Hay liderazgo nuevo, hay respaldo del sector y hay voluntad institucional. Falta, como siempre, que las ideas se conviertan en resultados.
Pero al menos, en el arranque, el Centro parece volver a mirarse a sí mismo. Y eso, en tiempos de cambio, ya es un buen comienzo.