Un estallido de violencia irrumpió en el corazón de la capital estadounidense este miércoles 26 de noviembre de 2025, cuando dos miembros de la Guardia Nacional fueron tiroteados a quemarropa cerca de la estación de metro Farragut West, a solo 500 metros de la Casa Blanca, en un asalto que las autoridades han calificado de “intencional” y que ha desatado un lockdown inmediato en la residencia presidencial, dejando a empleados y periodistas atrapados mientras sirenas perforan el aire de una ciudad ya tensa por despliegues masivos de tropas ordenados por el propio Donald Trump.
El horror se desató alrededor de las 15:00 horas locales, en la intersección de las calles 17 e I NW, una zona bulliciosa de turistas y funcionarios donde los guardias, desplegados desde agosto para “restablecer el orden” en Washington, fueron sorprendidos por un tirador solitario que los apuntó directamente, según confirmó la alcaldesa Muriel Bowser en una rueda de prensa conjunta con el director del FBI, Kash Patel. Inicialmente, el gobernador de Virginia Occidental, Patrick Morrissey, dio por muertos a los dos militares, pero retractó su declaración minutos después, aclarando que ambos permanecen en “estado crítico” en hospitales separados, luchando por sus vidas tras recibir impactos que los dejaron en el pavimento, un caos capturado en videos virales que muestran a agentes del Servicio Secreto y la policía metropolitana respondiendo con celeridad heroica.
El sospechoso, un hombre de origen afgano que llegó a Estados Unidos en 2021 y residía en el estado de Washington, también resultó herido de gravedad durante el intercambio de fuego y fue arrestado en el lugar, donde agentes lo sometieron tras una breve balacera que dejó la escena acordonada por decenas de patrullas. Trump, desde su retiro en Mar-a-Lago por las vacaciones de Acción de Gracias, no tardó en calificar el atentado como un “acto terrorista” en su red Truth Social, tildando al agresor de “animal” que “pagará un precio muy alto” y ordenando al secretario de Guerra, Pete Hegseth, el despliegue de 500 miembros adicionales de la Guardia Nacional para reforzar la seguridad en la capital, un movimiento que eleva a más de 2,500 las tropas en las calles y que aviva temores de una escalada en la “guerra contra el crimen” prometida por el magnate.
Este ataque selectivo contra los uniformados —que patrullaban estaciones de metro como Farragut North y West para combatir la delincuencia urbana— no parece dirigido específicamente a la Casa Blanca, según el portavoz del Servicio Secreto, Anthony Guglielmi, pero su proximidad ha disparado todas las alarmas: la residencia pasó a “amenaza para la vida” antes de rebajarse a “alto riesgo”, mientras la Secretaría de Seguridad Nacional, liderada por Kristi Noem, coordina con locales para rastrear motivaciones que aún se desconocen, aunque fuentes anónimas apuntan a un posible trasfondo político o radicalizado. En un Washington donde el despliegue de la Guardia ha sido controvertido desde su anuncio en agosto, este tiroteo no solo hiere cuerpos, sino que cuestiona la estrategia trumpista de “ley y orden”, recordándonos cómo la capital, supuestamente blindada, sigue vulnerable a un solo hombre con un arma y un rencor sin nombre.
