Un estallido de furia descontrolada ha dejado a la ciudad de Chihuahua en estado de conmoción, cuando un agente de la policía estatal, consumido por los celos, abrió fuego contra su expareja y el pequeño hijo de ambos, poniendo en jaque la frágil línea entre el amor y la destrucción absoluta. La escena, que se desarrolló en las sombras de un hogar supuestamente seguro, culminó en un acto final de desesperación que ha expuesto las grietas profundas de la violencia intrafamiliar en la región.
La víctima principal, identificada como Nubia Pérez, una oficial de la policía que dedicaba su vida al servicio público, recibió múltiples impactos de bala durante la confrontación, mientras el niño de apenas 8 años quedó atrapado en el fuego cruzado, sufriendo heridas que milagrosamente no le costaron la existencia. Testigos oculares describieron un caos ensordecedor: gritos ahogados, el eco de las detonaciones rompiendo la quietud nocturna y el pánico de un menor que vio su mundo inocente desmoronarse en segundos, recordándonos cómo la ira ciega puede irrumpir en los espacios más sagrados.
En el fragor del momento, el agresor, un compañero de fuerzas del orden cuya identidad aún se maneja con reserva para respetar el proceso investigativo, no pudo contener el torbellino emocional que lo consumía. Tras perpetrar el ataque, que autoridades preliminares atribuyen a una disputa por la separación reciente, el hombre se dirigió el arma contra sí mismo, sellando un desenlace trágico que deja interrogantes sobre los mecanismos de apoyo psicológico en cuerpos de seguridad. Este suceso no solo destroza a una familia, sino que cuestiona la vulnerabilidad de quienes protegen a la sociedad mientras lidian con sus propios demonios internos.
Paramédicos del servicio de Rescate actuaron con celeridad heroica, trasladando a Nubia Pérez y al menor herido al Hospital 6 del Seguro Social, donde equipos médicos luchan por estabilizar sus condiciones. Inicialmente, reportes confusos de la Fiscalía Especializada en la Mujer (FEM) sugerían una versión alternativa, pero las evidencias forenses confirmaron la secuencia devastadora, subrayando la urgencia de protocolos más estrictos para detectar señales de alerta en relaciones tóxicas entre elementos policiales.
Este horrendo episodio, que ha encendido debates sobre la prevención de la violencia de género en entornos de alto estrés como las fuerzas armadas, sirve como un grito de advertencia para Chihuahua y el país entero. Mientras la comunidad se une en oración por la recuperación de la madre y el hijo, las autoridades prometen una pesquisa exhaustiva que no solo busque respuestas, sino que impulse reformas para evitar que el ciclo de tragedia se repita, honrando la memoria de lo que pudo haber sido una familia unida en lugar de fragmentada por el plomo.
