Un estudio de largo plazo ha revelado que el entrenamiento cognitivo enfocado en la velocidad de procesamiento podría reducir significativamente el riesgo de demencia. Los resultados, basados en dos décadas de seguimiento, sugieren que intervenciones simples pueden tener un impacto duradero en la salud cerebral.
Un estudio de 20 años que cambia lo que sabemos sobre la demencia
El hallazgo proviene del estudio ACTIVE study, uno de los ensayos más grandes realizados en adultos mayores en Estados Unidos. Financiado por los National Institutes of Health (NIH), este estudio incluyó a 2.802 participantes de 65 años o más, quienes fueron evaluados durante más de 20 años.
Los participantes fueron asignados aleatoriamente a tres tipos de entrenamiento cognitivo: memoria, razonamiento y velocidad de procesamiento, además de un grupo de control sin intervención. El entrenamiento se realizó durante cinco a seis semanas, con sesiones adicionales de refuerzo en algunos casos.
Los resultados, publicados en Alzheimer’s & Dementia: Translational Research and Clinical Interventions, mostraron que el grupo que recibió entrenamiento de velocidad cognitiva con refuerzos tuvo una reducción del 25% en el riesgo de desarrollar demencia en comparación con el grupo control.
En cifras concretas, el 40% de los participantes en este grupo fue diagnosticado con demencia, frente al 49% en el grupo sin entrenamiento. Esta fue la única intervención que mostró una diferencia estadísticamente significativa tras dos décadas de seguimiento.
Para llegar a estas conclusiones, los investigadores analizaron datos de Medicare de más de 2.000 participantes entre 1999 y 2019. Durante ese tiempo, la mayoría de los participantes envejeció hasta los 80 años, lo que permitió observar el impacto real del entrenamiento en el desarrollo de enfermedades neurodegenerativas.
Por qué la velocidad cognitiva podría ser clave para proteger el cerebro
El entrenamiento de velocidad de procesamiento consiste en ejercicios que obligan al cerebro a identificar información visual rápidamente y gestionar múltiples tareas al mismo tiempo. Este tipo de entrenamiento es adaptativo, es decir, ajusta su dificultad según el rendimiento del usuario, lo que lo hace más personalizado y efectivo.
A diferencia de los entrenamientos de memoria o razonamiento —que se basan en aprendizaje explícito— este enfoque estimula el aprendizaje implícito, relacionado con habilidades automáticas y hábitos mentales. Según los investigadores, esta diferencia podría explicar por qué solo este tipo de entrenamiento mostró beneficios a largo plazo en la prevención de la demencia.
La doctora Marilyn Albert, investigadora principal del estudio en Johns Hopkins Medicine, destacó que incluso intervenciones modestas pueden tener efectos duraderos. Retrasar el inicio de la demencia, aunque sea por unos años, puede tener un impacto enorme tanto en la calidad de vida como en los sistemas de salud.
Por su parte, el investigador George Rebok subrayó que este tipo de entrenamiento podría combinarse con otras estrategias de estilo de vida, como el ejercicio físico o el control de factores cardiovasculares, para potenciar sus beneficios.
Actualmente, la demencia afecta a millones de personas en todo el mundo y se estima que podría impactar a hasta el 42% de los adultos mayores de 55 años a lo largo de su vida. La enfermedad de Alzheimer representa entre el 60% y el 80% de los casos, lo que convierte cualquier estrategia preventiva en una prioridad de salud pública.
Aunque los resultados son prometedores, los científicos señalan que aún se necesita más investigación para comprender los mecanismos exactos detrás de estos efectos y confirmar su aplicabilidad en diferentes poblaciones.
El entrenamiento de velocidad cognitiva emerge como una herramienta prometedora para reducir el riesgo de demencia a largo plazo. Aunque no sustituye otros hábitos saludables, podría convertirse en una pieza clave en la prevención del deterioro cognitivo en el envejecimiento.
Referencia:
- Alzheimer’s Association/Impact of cognitive training on claims-based diagnosed dementia over 20 years: evidence from the ACTIVE study. Link