Hay derrotas que se superan con dignidad, trabajo político y paciencia. Y luego está el caso del senador Juan Carlos Loera de la Rosa, quien pareciera seguir atrapado en una especie de duelo eterno desde aquella paliza electoral que le propinó María Eugenia Campos Galván en las urnas.
Porque, siendo sinceros, cada aparición pública del exdelegado del Bienestar ya parece más una terapia grupal mal llevada que una verdadera estrategia política. Ahora resulta que descubrió la soberanía nacional, el intervencionismo extranjero y hasta los “frentes ciudadanos”, todo convenientemente empaquetado en conferencias, manifiestos y marchitas donde apenas juntan a los asistentes suficientes para completar una reta de futbol rápido.
Eso sí, en sus boletines hablan de “cientos de ciudadanos libres”, aunque las fotografías terminan revelando una reunión que cabría perfectamente en una carne asada de domingo. Militantes, asesores, uno que otro despistado y los infaltables operadores de siempre. El pueblo bueno… quizá atorado en el tráfico.
Pero detrás del show patriotero hay algo mucho más evidente: las desesperadas patadas de ahogado de un político que no encuentra espacio rumbo al 2027.
Porque en Morena todos saben una cosa: Loera no tiene hoy una candidatura clara, ni fuerza suficiente para volver a ser competitivo por la gubernatura. Aquella oportunidad ya pasó y terminó sepultada bajo el peso de una campaña desastrosa, pleitos internos y una soberbia que todavía no termina de digerir la derrota.
Y mientras otros actores de Morena construyen territorio, alianzas y estructura, Loera parece vivir de conferencia en conferencia intentando convencerse a sí mismo de que sigue siendo protagonista.
Lo más complicado para el senador es que cada vez luce más aislado. Con Ariadna Montiel Reyes no existe cercanía política real; más bien, la relación parece fría, distante y meramente institucional. Y del otro lado, la ruptura con Cruz Pérez Cuéllar es más evidente que nunca. Atrás quedaron aquellos tiempos donde aparentaban caminar en el mismo proyecto. Hoy cada quien juega su propia partida… y Loera claramente no está en la mesa principal.
Así que al senador no le quedó más refugio que ponerse bajo la sombra de Javier Corral Jurado, quizá el personaje políticamente menos rentable y menos querido en Chihuahua. Vaya paradoja: quien soñó con convertirse en el gran liderazgo morenista del estado, terminó abrazado del único político que genera más rechazo que simpatías en buena parte del territorio estatal.
Por eso no sorprende verlo tratando de encabezar cualquier causa disponible. Hoy es la soberanía nacional; mañana podría ser la defensa del burrito juarense o el rescate de los puestos de elotes. El punto no es la causa, sino encontrar reflector.
Porque cuando las candidaturas se alejan, las cámaras se vuelven oxígeno.
Y en política, como en los espectáculos de magia, mientras menos futuro hay… más humo intentan vende