En un giro que transforma el chisme en himno de autenticidad, la joven estrella Lucero Mijares, de 20 años y heredera del carisma de sus padres Lucero y Manuel Mijares, irrumpió este 19 de noviembre en sus redes sociales como un vendaval de normalidad, dejando atrás la tormenta de especulaciones que la devoró durante días por unas fotos virales que la pintaban con una figura estilizada, cinturita de avispa y un look escotado que desató un frenesí de cirugías estéticas y dietas milagrosas. Las imágenes, filtradas en el programa de radio Todo para la Mujer de Maxine Woodside el 13 de noviembre, mostraban a Lucerito delgada hasta lo irreconocible, con cabello rizado intacto pero un cuerpo que muchos tildaron de “cuerpazo post-bypass” –eco del procedimiento que su padre Mijares hizo para perder 22 kilos en meses–, provocando un diluvio de comentarios que iban de “guapísima y moderna” a “no se hable de cuerpos ajenos”. Pero la verdad, como un plot twist de telenovela, era más prosaica: las fotos eran creaciones de inteligencia artificial, un fake viral que la periodista Liz López compartió sin verificar, avivando críticas por body shaming y especulaciones que rozaron lo cruel, recordando cómo Lucerito ha lidiado con burlas sobre su figura desde su debut en Juego de Voces. Lejos de victimizarse, la cantante –protagonista de la obra El Mago de Oz en Broadway– optó por el humor y la indiferencia, reapareciendo en Instagram con un video compartido por su mamá donde bromea sobre su “miedo” como copiloto mientras maneja, un clip cotidiano que grita “sigo siendo yo, sin filtros ni bisturí”.
Pero Lucerito no volvió solo para aclarar; lo hizo con un as bajo la manga que eclipsa el ruido: un dueto póstumo con su padre Manuel Mijares y el fallecido Diego Verdaguer, una versión renovada de Nena que une tres voces legendarias en un tributo que late con nostalgia y frescura, grabado en el perfil oficial de Verdaguer –fallecido en 2022– y promocionado con un tráiler donde la joven, enfundada en un traje negro que resalta su figura natural, posa con Mijares en un set que evoca los grandes escenarios de antaño. “Los leemos siempre. Y después de ver todos sus comentarios, preparamos algo especial para ustedes. Pongan atención al video, la respuesta está ahí”, escribió el dúo padre-hija en la publicación que acumula miles de likes, un guiño sutil que desarma los rumores sin confrontarlos, convirtiendo la polémica en trampolín para su arte. Este regreso no es casual: en un mundo donde las redes devoran imágenes con saña, Lucerito –que en junio abrió su corazón sobre críticas que la tildan de “hija de” sin mérito propio– demuestra que su poder radica en la voz, no en el espejo, un mensaje que resuena en una generación harta de filtros y juicios superficiales. Mientras fans claman “eres hermosa tal como eres” y detractores se callan ante el talento que no miente, la hija de ídolos se erige como faro de resiliencia: el verdadero cambio no es físico, sino el coraje de ignorar el ruido y cantar más alto, prometiendo que su próximo hit no será sobre cinturitas, sino sobre almas que no se doblegan. En las venas del espectáculo mexicano, donde el chisme es rey pero el arte es eterno, Lucerito reaparece no como víctima de fotos falsas, sino como arquitecta de su narrativa, jurando que las redes serán su escenario, no su cárcel.
