En un arranque que confirma que el PRI no ha perdido el vicio de la retórica callejera, Alejandro “Alito” Moreno Cárdenas, el eterno sobreviviente de escándalos que preside el tricolor, soltó la granada de mano este 19 de noviembre contra Morena, tildándolos de “más corruptos que pendejos” en una entrevista que parece salida de un guion de telenovela política. No es la primera vez que Alito se pinta de boxeador de barrio: desde su explosión de junio donde los llamó “pendejo para gobernar” hasta su reciente diatriba en octubre acusándolos de “ineficientes, corruptos y estúpidos”, el líder priista parece obsesionado con el diccionario de insultos, como si el fracaso de su partido en las urnas se lavara con groserías que distraen de sus propios fantasmas. “Los narcopolíticos de Morena están destruyendo México”, tronó, enumerando 25 mil homicidios, 16 mil desaparecidos y 11 mil extorsiones como si fueran facturas pendientes de la 4T, pero olvidando que el PRI gobernó décadas con ríos de sangre y Odebrechts que aún mojan sus sábanas. Es el clásico Alito: atacar para no mirarse al espejo, donde ve reflejado no solo a Sheinbaum, sino a su propio historial de audios filtrados y alianzas rotas con el PAN que lo dejan como el eterno segundón de la oposición.
Pero detrás de la fanfarronada, late el cálculo cínico: Alito sabe que Morena se tambalea con sus Adán Augusto, Andy López y Monreal enredados en huachicol y favoritismos, y que un golpe bajo como este galvaniza a su base priista –esa que aún sueña con el regreso del salinato– mientras el PAN lo mira de reojo y MC se ríe en las sombras. “México no está feliz, feliz, feliz”, imita el priista a la 4T, pero ¿quién lo creería viniendo de un tipo que ha sido acusado de todo, desde extorsiones en Campeche hasta pactos con el diablo electoral? La frase “salieron más corruptos que pendejos” no es solo un exabrupto; es el grito de un político acorralado que apuesta por el caos para no hundirse solo, recordándonos que en la política mexicana, la corrupción no es monopolio de un partido, sino el pegamento que une a todos. Mientras Alito presume de “defender a México de todos”, el país real –el de las marchas por inseguridad y los hartos de la misma canción– se pregunta: ¿cuándo dejarán de ladrar y morderán de verdad, o seguirán siendo solo ruido para tapar sus propias pendejadas? En este circo bipartidista, Alito es el payaso que nos hace reír para no llorar, pero el telón de fondo es el mismo: un México que sangra mientras los de siempre se reparten el pastel de la indignación.