Irán vive una de las crisis más graves desde la revolución de 1979, con protestas antigubernamentales que se extienden por todo el país y una represión brutal que, según organizaciones de derechos humanos, ha dejado cientos de muertos —cifras que oscilan entre 192 y más de 500 manifestantes, incluyendo menores— y miles de detenidos. Las manifestaciones, iniciadas a finales de diciembre de 2025 por la crisis económica y el colapso del rial, evolucionaron rápidamente en un desafío directo al régimen de los ayatolás, con consignas como “Muerte al dictador” resonando en más de 280 localidades de 27 provincias.
El gobierno impuso un apagón casi total de internet desde el 8 de enero de 2026 para ocultar la magnitud de la violencia, mientras fuerzas de seguridad —incluyendo la Guardia Revolucionaria— usan fuego real, resultando en hospitales saturados y morgues abarrotadas. El fiscal general advirtió que participantes podrían ser acusados de “enemigos de Dios”, pena que conlleva ejecución, y el líder supremo Ali Jamenei dio luz verde a una represión “sin indulgencia”. ONG como Iran Human Rights y HRANA denuncian una “masacre” encubierta por el bloqueo informativo, con testimonios de cientos de cuerpos en Teherán y provincias kurdas como Ilam y Lorestán como focos más letales.
Internacionalmente, Donald Trump amenazó con intervención militar si continúa la matanza de manifestantes pacíficos, mientras Rusia, China, Cuba e Irán condenan la “injerencia”. La oposición en exilio, liderada por María Corina Machado, ve una oportunidad de transición, pero el gobierno interino chavista mantiene control. Con hospitales desbordados, reservas de sangre agotadas y economía asfixiada, Irán enfrenta una volatilidad extrema que podría redefinir su futuro en las próximas semanas. La comunidad internacional observa con alarma esta espiral de violencia y censura. 🇮🇷📰