El creciente uso del color morado en puentes, bardas, señalética, mobiliario urbano y estructuras públicas de la Ciudad de México comenzó a provocar reacciones divididas entre habitantes y usuarios de redes sociales, quienes aseguran sentir saturación visual y rechazo hacia la nueva imagen urbana de la capital. Aunque para algunas personas el debate parece meramente estético, especialistas en psicología ambiental consideran que existe un fenómeno emocional y social mucho más profundo detrás de la polémica.
De acuerdo con estudios y explicaciones retomadas por expertos en percepción urbana, las ciudades también forman parte de la identidad emocional de las personas. El psicólogo ambiental Harold Proshansky desarrolló el concepto de “identidad del lugar”, el cual sostiene que calles, colores, edificios y espacios cotidianos ayudan a construir la sensación de pertenencia y estabilidad emocional. Cuando esos elementos cambian de manera abrupta, especialmente mediante un color dominante repetido constantemente, algunas personas pueden percibir que el entorno que reconocían como propio fue alterado o impuesto.
Especialistas también señalan que el problema no necesariamente es el color morado en sí, sino la saturación cromática dentro del paisaje urbano. Investigaciones sobre psicología del color indican que tonos violetas y púrpuras pueden transmitir sofisticación, calma o identidad simbólica cuando se utilizan con equilibrio. Sin embargo, su uso excesivo puede provocar fatiga visual, sensación de frialdad e incluso estrés ambiental, especialmente en ciudades densas y con alta exposición solar como la capital mexicana.
Otro factor que explicaría el rechazo es la llamada “reactancia psicológica”, teoría desarrollada por el psicólogo Jack Brehm. Este fenómeno ocurre cuando las personas sienten que una idea, conducta o símbolo les está siendo impuesto desde una autoridad o institución. En el caso de la CDMX, algunos ciudadanos asocian el color morado con identidad política y propaganda gubernamental, lo que provoca resistencia emocional aunque el tono no les desagrade objetivamente.
El debate sobre el color morado también abrió una conversación más amplia sobre cómo los elementos visuales influyen en el bienestar urbano y en la relación emocional de las personas con la ciudad. Mientras el gobierno capitalino sostiene que la tonalidad representa movimientos sociales y culturales ligados a la lucha de las mujeres, críticos consideran que la repetición excesiva terminó convirtiendo el color en un símbolo de apropiación visual del espacio público. La discusión continúa creciendo en redes sociales, donde miles de usuarios siguen debatiendo si el problema realmente es el color o la sensación de imposición que genera.