La gigantesca campaña de reforestación de China, conocida como la Gran Muralla Verde, continúa ofreciendo nuevos datos sobre el crecimiento forestal. Un estudio reciente encontró que los árboles plantados expanden su superficie foliar mucho más rápido que los bosques naturales cercanos, aunque los investigadores advierten que esta ventaja disminuye con el tiempo.
La Gran Muralla Verde impulsa un crecimiento forestal acelerado
Desde hace casi cinco décadas, China desarrolla la mayor iniciativa de reforestación del mundo para frenar el avance de los desiertos de Gobi y Taklamakán. Como parte de este proyecto se han plantado alrededor de 66.000 millones de árboles, cuyo desempeño fue analizado en una nueva investigación.
Los científicos descubrieron que estos bosques plantados aumentan su área foliar —la superficie total de hojas que utilizan para captar luz y realizar la fotosíntesis— aproximadamente un 66% más rápido que los bosques naturales ubicados en las mismas regiones.
Parte de esta diferencia se explica porque los árboles jóvenes suelen crecer con mayor rapidez. Sin embargo, incluso después de corregir factores como la edad de los árboles y las condiciones ambientales locales, los investigadores comprobaron que los bosques plantados seguían mostrando una tasa de crecimiento 4,6% superior a la de los bosques naturales.
Los autores sugieren que estos árboles más jóvenes responden de forma más intensa al incremento de dióxido de carbono (CO₂) en la atmósfera, aprovechando ese recurso adicional para acelerar su desarrollo durante las primeras décadas de vida.
El crecimiento acelerado tiene un límite

Aunque los resultados muestran que la reforestación puede convertirse en una herramienta eficaz para capturar carbono a corto plazo, el estudio también revela que este beneficio no es permanente.
Según los investigadores, el crecimiento acelerado alcanza su punto máximo cuando los árboles tienen entre 30 y 40 años. A partir de ese momento, la ventaja comienza a reducirse progresivamente, acercándose al comportamiento observado en los bosques naturales.
Esto significa que, si bien las plantaciones jóvenes absorben grandes cantidades de carbono durante sus primeras décadas, no mantienen ese ritmo indefinidamente. En cambio, los bosques naturales maduros continúan almacenando carbono durante siglos y ofrecen una estructura ecológica mucho más compleja.
Además de actuar como grandes reservorios de carbono, los bosques antiguos albergan una biodiversidad muy superior, proporcionando hábitats para miles de especies vegetales y animales que difícilmente pueden reproducirse en plantaciones forestales de una sola especie o de edad uniforme.
Reforestar no sustituye la conservación de los bosques naturales
Los autores concluyen que los programas masivos de plantación representan una estrategia valiosa para ayudar a reducir las concentraciones de gases de efecto invernadero y restaurar zonas degradadas. Sin embargo, subrayan que estas iniciativas deben complementar, y no reemplazar, la protección de los bosques naturales.
La investigación destaca que conservar los ecosistemas forestales existentes sigue siendo una de las medidas más eficaces para mantener el almacenamiento de carbono a largo plazo y preservar la biodiversidad. En consecuencia, combinar la reforestación con políticas de conservación podría ofrecer los mayores beneficios frente al cambio climático.
Referencia:
- Geophysical Research Letters/Enhanced CO2 Response and Aging-Related Dynamics Drive a Greater Leaf Area Index Increase in China’s Planted Forests in Comparison to Natural Forests. Link